Candilazo

Hoy he sabido que al sol incendiando el cielo se le llama candilazo.

El candilazo es el crepúsculo de estos días, las nubes y el sol muy bajos, el cielo muy rojo, como si estuviera hecho de brasas.

Estos cielos los recuerdo de niña en Madrid, al salir del colegio donde, tras unas puertas muy altas de hierro pintadas de negro, se abría a las seis de la tarde el patio y entonces, lentamente, porque las puertas eran muy pesadas, o a mi me parecía que iban muy despacio, surgía de pronto la libertad y el parque del Oeste, con sus bancos y sus aguaduchos y su puesto verde, bajo un cielo violeta y rojo y anaranjado y malva.

A mí aquel candilazo de las tardes de otoño, me cortaba la respiración, iluminaba los ojos, y sonrosaba mi cara siempre pálida; tan blanca que las monjas me preguntaban si estaba enferma, tan clara que mi madre me pellizcaba las mejillas antes de salir a la calle.

Me cuenta ahora un lector desde Huelva, que su abuela solía decir: “Candilazos al anochecer, agua al amanecer” y otro lector también se refiere a los candilazos del sol entre las nubes como al anuncio de la lluvia en Andalucía. Y es verdad que el otro día, viniendo hacia Galicia, se puso el sol precioso, justo antes de llover, y luego de nevar hasta casi cerrarse la carretera a la altura de Piedrafita.

Yo creo que, de la Naturaleza, lo que más miro es el cielo, porque da igual donde estés que siempre hay cielo para mirar, ya sea una nube que pasa, ya una estrella, ya la luna en lo alto, que no hay ciudad ni lugar en el mundo desde donde no se pueda mirar hacia arriba y ver el cielo, ese mar del aire.

Es verdad que hay lugares donde se ve mejor, como anoche las estrellas, el carro muy tumbado, casi tocando el horizonte, con muchos más puntos luminosos que en la ciudad, pero no por ello los atardeceres son peores, al contrario, a veces la cercanía de los edificios, hace que el sol parezca aún más grande, como en “La Busca” de Pío Baroja, el sol rojo saliendo entre unas casuchas negras: “Por encima de los altos y hondonadas del barrio del Pacífico, el disco rojo enorme del sol brotaba de la tierra y ascendía lento y majestuoso por detrás de unas casuchas negras”.

Recuerdo que cuando leí esta frase de Baroja me impresionó, y no tanto por el disco rojo sino por las casuchas negras, y ese haber sol para todos, y que alumbrara con mas belleza las casas que ni siquiera podía el escritor nombrar de esa manera, y escribiera “casuchas negras” al lado del lento y majestuoso y rojo sol.

Aunque me parece que el candilazo se refiere, más que al sol limpio sobre un cielo claro, a esa otra situación del sol entre las nubes cuando, al ponerse o al amanecer, empieza a dejar jirones de colores por el aire, de unos tonos que no acabamos de creer que existan de verdad cuando los miramos.

Yo con estas cosas, ya no pido más.

Un cielo, una luz, una palabra.

Candilazo.

Nubes con agua que el Sol, durante el crepúsculo, incendia.