La mer

En un anuncio de bañadores escuché ayer de fondo el tema de Charles Trenet, “La mer”, y desde entonces me veo por las calles con la canción en la cabeza.

No se puede vivir sin dormir, pero tampoco se puede vivir sin soñar, escribí en una ocasión; y hoy añadiría que, al menos yo, tampoco podría vivir sin el mar.

Quiero decir que ahora vivo en esta canción, contando los minutos que me quedan para regresar a ese lugar donde empieza y termina todo, que es el mar.

Esta es una nostalgia que ya nos la inoculó mi padre cuando nos llevaba a Alicante y, el último día de vacaciones, exclamaba cuando ya regresábamos :“¡El último baño!”, y tirando todo lo que acarreábamos encima, aunque nada nos pesara más que la idea de alejarnos hasta el verano siguiente de la playa, salíamos disparados de nuevo al mar, “¡el último baño!”, que nos sabía a gloria.

Hoy he escuchado que en nuestras costas están cerrados tramos de algunas playas por las carabelas portuguesas, un sinóforo muy urticante que había visto en las costas de Florida y por las que prohibían también el baño, pero no por nuestras aguas, o al menos no en las de mi infancia. 

Siempre he creído que estas especies más propias de lugares tropicales y cálidos son una suerte de avanzadilla; que no hay que fijarse tanto en las temperaturas sino en las especies, porque son ellas las que están anticipando el clima que nos espera, ya que parecen estar adelantándose para tomar posiciones, aunque su movimiento sea pasivo y se vean arrastradas por las corrientes y los vientos, que está claro, ya nos lo dicen con su presencia las carabelas portuguesas, están cambiando.

No son medusas las carabelas portuguesas (Physalia physalis) sino una curiosa colonia de hidrozoos especializados en defensa, alimentación o reproducción que flota gracias a una suerte de vejiga violeta llena de un aire parecido al que respiramos.

Mi padre siempre dibujaba barcos, y yo lo primero que vi en mi vida fue un océano de agua, y otro de arena del desierto.

Y ahora me veo en Madrid, preguntándome qué hago aquí, tan lejos del mar, mientras escucho “La mer”, que parece que te acuna con su letra en francés.

Mi preciosa nuera Flora dice que Charles Trenet es el cantante preferido de su abuela.

¡Quién le iba a decir que hoy volvería a estar de moda!

El mar nunca pasa.