Los gamones

Se asoman los gamones a los caminos y al pasar nos saludan con su mano blanca llena de flores.

Dicen los agricultores que es el gamón "la llave del año" ya que, si sus varas emergen de la oscuridad de la tierra cuajadas de flores blancas, ese año, será un buen año agrícola. 

Tal vez por todo lo que ha llovido, y sigue lloviendo y granizando y nevando, hay tanto gamón este año. Es una de las flores más corrientes por los caminos, en los ribazos, acirates, y en las cunetas que dan al río, cuando desde lo alto miro el molino de agua de Roibeira, que no da abasto aunque tenga todas sus compuertas abiertas, para el agua que ha caído, hacia el mar, este año del cielo.

La planta del gamón, estamos hartos de verla aunque no la reconozcamos, porque se eleva por encima de las otras, y aunque de sus flores se podría decir que son bonitas, distribuidas por la vara hacia lo alto, cuando nos fijamos en ellas veremos que tienen unas líneas de un ocre muy oscuro que hace que no sean del todo blancas y tal vez por ello no del todo hermosas, además de percibir al acercarnos, con lo que queda en nosotros de instinto natural, esa sustancia que desprenden llamada asfodelina y que rechazan los animales y lo que hay de animales irracionales todavía en nosotros.

De ahí que a los gamones los miremos un poco de lejos, no como si fuéramos a comerlos, sino como si algún antepasado hubiera intentado alimentarse de ellos y ese recuerdo de lo que no se debe comer, persiste, como un aprendizaje de lo que hemos olvidado, a pesar del tiempo transcurrido.

La especie de gamón que se da cerca de mi casa en la aldea, es Asphodelus albus , y no me acuerdo de él en todo el año hasta que, al llegar mayo, se asoma y se cimbrea con el viento cuando paso, como si me saludara para decirme que será bueno este año.

Y aunque nuestra vida sea más incierta que la de estas flores que salen cada primavera, me ha gustado comprobar que han florecido profusamente los gamones, de los que hubo tantos que hay lugares en las ciudades que se llaman gamonales, aunque estén todos bajo el asfalto, queriendo salir aunque no puedan, a un mundo que ha dejado de esperarles, aunque nos trajeran buenas nuevas.

Este año 2018, al menos para los agricultores, según la profusa floración de los gamones, será un buen año.

Y quien sabe si para todos.