Flor de la encina

A la flor femenina de la encina le ha pasado como a la del avellano: que casi nadie se ha fijado en ella.

La del avellano, al menos en el color, es llamativa, ya que es fucsia y parece una estrella de mar en miniatura, tal y como me hizo ver, con sus maravillosas ilustraciones, Edith Holden.

Con la encina, me ha pasado algo parecido; pero en este caso, ha sido un lector el que, ante la floración de las encinas, me pidió el pasado fin de semana que escribiera algo y, claro, me fui por la luz: las flores de la encina parecen una luz del sol sobre las hojas.

Viendo que esto no era suficiente, quise hoy indagar sobre estas flores que, al final, son como las del avellano, ya que todo el protagonismo se lo llevan las flores masculinas, más conspicuas, tanto que llegan a apagar el verdor de la encina, llenándola de una luz amarilla que son las flores masculinas cubiertas de polen.

Y si esta es la flor masculina, el amento, ¿dónde está la femenina?

Para ello, hay que mirar ya de cerca, buscando en las ramas nuevas, y en este caso ha sido Atanasio Fernández García quien se ha molestado en buscarlas y fotografiarlas, resultando ser parecidas a las flores femeninas del avellano por sus estigmas coloreados, en el caso de la encina de amarillo. No se verán estas flores si no se van expresamente a buscarlas, al contrario de los amentos dorados que llaman la atención estos días de lejos por los encinares, eclipsando, en el mismo pie de árbol, a las discretísimas flores femeninas de la encina.

Tiene gracia que haya sido en el Día del Libro cuando me pongo a investigar sobre esta flor de la encina, como si todo de pronto se juntara: el lector que me pide que escriba de la flor, la propia floración del árbol, y este Día del Libro en el que recuerdo la "Flora del Quijote" de Ceballos, donde dice que la especie más nombrada en el Quijote es la encina, que se nombra veinte veces, y otras tantas sus bellotas, de las que se alimentan don Quijote y Sancho.

Esas bellotas, nacen de unas flores de tan sólo 3-4 mm, alzadas sobre lo que serán las cúpulas o cascabillos que sostengan las bellotas.

Se diría que cuanto más cargadas de amentos dorados estén hoy las encinas, habrá más bellotas en otoño; pero no son estas flores masculinas repletas de oro las que cuentan, sino las femeninas; de ahí el dicho que, bajo la dirección de Luis Ceballos, recolecta Juan Ruiz de la Torre (a quien tuve el placer de conocer) en su obra "Arboles y arbustos de la España peninsular"; un libro que me descubre Atanasio y que ya estoy buscando para comprar en este Día del Libro.

El dicho popular es el siguiente: "Encina con moco, en la montanera da poco"

Es la flor que no vemos la que da el fruto.

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