Jaume Plensa

En la claridad de esta mañana, invitada por la fundación Callia, escuché a Jaume Plensa hablar de arte, sin saber que le vería también esta noche, en el programa “Imprescindibles” de la 2, que ponen los lunes a las 21:00 horas.

Suelo ver este espacio en diferido en el ordenador, pero creo que esta noche encenderé la televisión, ese electrodoméstico cada vez más oscuro en una esquina del salón, para contemplar de nuevo la obra de Jaume Plensa y su discurso, que son una misma cosa, de palabras y de formas.

Me gustó.

Creo que en alguna ocasión había visto de manera fugaz una de sus grandes esculturas, pero no de esta manera, en la que el artista nos habla, no de sí mismo, sino del arte como si no fuera cosa suya, aunque fuera todo lo que él haya hecho de su vida.

“El camino del Arte es el del conocimiento” nos dijo, y de pronto se me ocurrió que tiene mucho el arte de investigación básica, de la que parece que no sirve para nada y que al final resulta que es la solución de los más irresolubles problemas.

A veces pienso que el sentido práctico de las cosas, es el más inútil de todos los sentidos.

Es cierto que no se puede vivir dentro de una escultura, como se vive en un edificio, pero de alguna manera nos sentimos dentro, no sólo ya nosotros, sino todos los que nos precedieron, la Humanidad entera dentro del espacio de una escultura que, vacía o maciza, sueña.

El entorno, en estas grandes esculturas de Jaume Plensa, es parte de la obra, porque si está en el mar, se verá con los ojos cerrados a sí misma, tan blanca;  y si se trata de una escultura de alambre, se transparentarán los bosques que la rodean; de tal manera que parecen hechas las personas que representan, que al final somos todos, o más bien la suma de todas las infancias, unos niños soñando con un bosque de cuento.

¿Qué edificio podría albergar algo como esto?

Incluso entre la verticalidad de los rascacielos, tienen las esculturas de Jaume Plensa esa Humanidad por la cual nos pidieron vivir en el primer escalón rojo de entrada de la librería Shakespeare and Co. de París.

Puede que para esa Humanidad, en su conjunto, trabaje la obra de arte.

Porque cuando al acabar el acto ves cómo una multitud se abalanza hacia el artista, te compadeces de pronto, ya que el escultor jamás se encontrará de frente para quien trabaja, al no ser uno sino todos en su conjunto, la suma de las infancias, y de las desdichas y de las felicidades, y de las decepciones para las que el artista trabaja, una suerte de nube de letras, o de números, o de poemas indescifrables hechos forma humana, cabeza hueca que piensa y que sueña y por donde pasan las luces del día y las nubes del cielo y el agua del mar, “gran espacio público” en palabras de Jaume Plensa.

El Arte que se nos va con la mañana, mientras echan raíces las letras de sus esculturas.