Feliz Navidad

De la exposición de William Morris me traje un poster con el boceto del papel pintado “Willow Bought” con ramas de sauce.

Me encantaría escribir de esta exposición que vi en Madrid pero me encuentro hoy tan cansada, por ese estrés prenavideño que me encantaba, hasta este año, al no estar, por vez primera desde que nací, mi padre.

Siempre me había impresionado escuchar decir a alguien que no le gustaba la Navidad.

Y ahora me encuentro que empiezo a entender ese dolor que supone que alguien falte y empezar a pensar en cómo celebrarlo todo igual que si nada hubiera sucedido.

Es por esto que, para darme fuerzas, me agarro a la belleza, como la de este papel pintado donde ahora me parece ver peces verdes, en vez de hojas, o pájaros posados, y no es más que el instante de unas ramas atrapado por Morris para el papel de una pared, y que desde ahí, a través del tiempo y el espacio, volara hacia la mirada.

Estaba hace unos días en un pequeño restaurante y de pronto se me fueron los ojos hacia este papel. Qué bonito, pensé. Coincidió que estaba empapelando en mi casa los armarios con unas rayas muy finas y empecé a barruntar por qué no habría puesto yo un papel tan bonito como ese, verde y de hojas lineares, haciendo una suerte de curvas, como si las ramas flotaran en el viento, sobre un fondo un poco grisáceo, de un gris muy claro, se diría que de pared de cemento, donde ahora me fijo, hay unas letras escritas a lápiz.

Si hubiera ido más despacio y atenta por la exposición, tal vez ahora podría escribir sobre estas palabras sueltas que hay en la esquina inferior derecha. Pero no pude entretenerme como me hubiera gustado. Lo curioso es que, escribía, antes de saber que este papel era de Morris, me quedara el día anterior en un restaurante fijamente mirándolo, al deslumbrarme su sencilla belleza, que es la más cegadora de todas, sin saber siquiera que pertenecía al movimiento Arts & Crafts de Gran Bretaña.

Al día siguiente, ya en la entrada de la exposición, es donde me doy cuenta de que esas varas de sauce, tal vez de mimbreras, vistas por casualidad el día anterior, fueron pintadas por Morris, de manera que al ver que vendían el poster con este dibujo, me llevé tres, y le pedí, al regresar a la aldea, al señor que empapelaba en casa los armarios, que por favor, pusiera ese trozo de papel dentro, a la altura de los ojos, por encima del papel de rayas. Me hace gracia que ya nadie me discuta estas cosas. Ni me pidan explicaciones, algo que agradezco muchísimo, porque ¿a quién le puedo explicar que necesito la belleza de esas ramas de sauce cada vez que vaya a buscar un jersey de lana para amortiguar el frío de la soledad?

Por cierto, ¡qué frío hace! ¡estoy deseando encender la chimenea!, pero creo que mejor antes voy a salir por ahí afuera a buscar ramas de sauce y de mimbrera, para adornar la casa.

Adornar la casa más que nunca, y esconder entre unas ramas la pena.

Feliz Navidad.