La rorcual azul

Más que el otoño, lo que ha llegado al mar es la primavera, porque nadie recuerda un mes de septiembre como éste, con tanto atún, tanto delfín, tanta ballena.

Es como si tras una primavera de agua muy caliente en la que, en la ría de Arousa, nadie pescaba nada, de pronto, el mar hubiera florecido de especies, y ahora todo es de una riqueza inusitada.

Lo que más se ha resaltado, y no es para menos, es la presencia de una gran ballena, el animal más grande de la Tierra y de todos los tiempos, una rorcual azul (Balaenoptera musculus), o varias, porque aún no se sabe si se trata del mismo animal el que avistaron en Fisterra-Muros el día ocho de septiembre; y el veinte entre las islas de Ons y Sálvora.

Daría lo que fuera por ir a verla. Me dice Alfredo López de CEMMA (Coordinadora para el Estudio de los Mamíferos Marinos) que tampoco ellos irán, que salir al mar es caro y que nadie da ayuda para estas cosas. Me parece inaudito que no se apoye este tipo de trabajos. Desde que me dedico a recolectar información de la Naturaleza, recuerdo haber hablado con Alfredo muchas veces. No lo conozco más que por teléfono, es una voz que me trae el mar y todos los cetáceos que encuentra por la costa, pero su dedicación merece todo el apoyo posible ya que son ellos los que, desde tierra, ven lo que sucede en el océano.

A veces salen, como hace unos días, a bordo del TYBA III para soltar una tortuga, y entonces fue cuando divisaron lo que en principio creyeron que era una ballena con su cría y resultó que la cría, era una rorcual común, calcularon de unos 15 o 17 metros; y lo que creyeron que era la madre, era este gigante azul, este rorcual en el que no ves un comportamiento diferencial, más que el tamaño, que aprecias con claridad aunque no haya referencias al lado cuando, al sumergirse, gira la gran ballena sobre sí misma.

Pasaría de los veinte metros, estima Alfredo. Alrededor, el mar estaba en calma, pero a la vez rebosaba de especies, porque venían de ver cuarenta calderones, y delfines mulares, y quinientos delfines comunes, cosa poco habitual ya que los mulares suelen echar a los comunes, esos delfines que distinguimos sobre todo porque tienen un dibujo de damero en la piel, oscuro y blanco.

¡Cuánta vida vimos este verano en las rías gallegas!

Y ahora que empieza el otoño, se diría que hubiera florecido aún más, no sólo en el agua, que incluso los marineros dicen que hay atunes estos días que saltan como delfines, sino también por el cielo, donde empezamos a ver a los alcatraces y a las pardelas de paso, y este fin de semana bandadas de negrones, patos oscuros que vuelan en formación casi a ras del océano, deteniéndose en ocasiones a pescar algo de esta riqueza del agua que es el mayor tesoro en la Tierra.

Estoy aquí escribiendo y ya he empezado a barruntar cómo podría volver de nuevo a embarcarme, igual que hace no mucho, dando la vuelta a la isla de Ons, con el Ja-Guay, un barco de madera venido de Taiwan.

La Naturaleza, como mejor se recupera, es dejándola en paz.

Y en esa paz, la rorcual azul, ha vuelto.

Hemos vivido para verlo.