Ilustradores

Llegó esta mañana la cartera, bajo una lluvia muy cálida, casi tropical, a entregarme un libro que estaba esperando.

No eran uno, como creía, sino dos volúmenes de tapa dura y encuadernados en rojo, con manchas oscuras sobre la piel, como de agua de una lluvia muy antigua.

Con letras doradas, pone en el lomo: “FAMILIAR WILD BIRDS” , cuyo autor es W. Swaysland, con ilustraciones de “A. Thorburn and Others”.

Ese “and others”, “y otros”, que no se nombran, me interesan muchísimo.

Personas que no sabemos si han sido ellos los que ilustraron la maravilla que se nos presenta como nueva a los ojos, y que es mucho más que las ilustraciones de unos pájaros, porque encierran la emoción de haberlos visto un día alguien en persona, a la orilla de un río, o cabeza abajo sobre un tronco.

Esa visión directa, se nota en lo que se dibuja, y hasta el respirar contenido de quien lo ha pintado e imaginado al mismo tiempo, cuando se fue volando el pájaro tras haber podido, al menos durante unos segundos, dibujar un esbozo.

Recuerdo haber leído que Audubon era también un gran cazador de las aves que pintaba, pero quiero creer que unos segundos antes de disparar, las miraba con vida para dibujarlas de esa manera, respirando mientras, a la vez, empezaba el ave también a respirar en el dibujo con sus primeros trazos, en esa vida nueva que atraviesa volando los siglos.

Porque estas ilustraciones científicas, están llenas todavía hoy del aliento del campo y de la emoción de contemplar la Naturaleza para después pintarla, o quizás es al revés, y salimos al campo para poder encontrarla y que no se vaya, guardando las especies para siempre en un papel que aguante la lluvia de los días entre las tapas rojas de algún libro coloreado, como estos pájaros silvestres, cercanos, familiares, que nos cruzamos casi a diario y que no logramos ver del todo hasta que contemplamos una de estas ilustraciones que nos dejan asombrados por su precisión, verdad y belleza.

John Gould, también gran taxidermista al principio, tuvo la suerte de ir a casarse con la gran ilustradora de la Naturaleza que fuera Elizabeth Gould (de soltera Coxen) con quien hizo varios libros, como el de las aves de Australia, “The Birds of Australia” (1840-1848), tras cuya estancia en aquellas tierras antípodas y a los pocos días de dar a luz a su octavo hijo, murió Elizabeth con 37 años, y entonces Gould empezó a trabajar con otros ilustradores también geniales como Joseph Wolf, quien me tiene completamente maravillada con la belleza de las ilustraciones, 57 en total, que realizó para el libro de Gould titulado “The Birds of Great Britain”.

No retrata Joseph Wolf sólo a las especies, sino su entorno, con una sutileza y una gracia que conmueve, y que hace que la mirada enseguida le reconozca, aunque no aparezca a veces ni siquiera con su firma en la ilustración, o al menos que yo haya visto.

Estos dos tomos de los “Familiar Wild Birds”, han llegado en una caja de cartón cubierta de sellos rojos con el perfil de la reina, y con una pegatina en la que viene la dirección de la librería de donde proceden, “Littel Stour Books”, que está en Canterbury, en el condado de Kent.

Dan ganas de ir hasta allí, en este día de lluvia y de té.