El retiro

Por primera vez en mi vida me siento cansada.

No se muy bien de qué, pero estoy cansada.

Trato de escribir y no puedo.

Aún estando en el mejor de los lugares, que es la mesa de mi galería, no consigo escribir una línea que merezca la pena.

Me parece ahora mentira que quisieran tirar esta mesa sobre la que escribo, quemarla incluso, porque decían que estaba apolillada. La tenían en una casa cerrada de piedra que había aquí al lado y que finalmente tiraron, pero antes, para celebrar alguna fiesta, pusimos esta mesa en la hierba. Total, la iban a tirar, o a quemar. Recuerdo ahora un jarrón encima, lleno de flores, en uno de sus lados, y todo el valle detrás.

¡Qué bien pueden llegar a quedar los muebles del interior de la casa en el campo!

A veces, en verano, saco afuera, cuando hacen falta, lámparas de pie que están hechas para estar dentro y cuando las enciendes te das cuenta del efecto que otorgan a la oscuridad del aire, transformándolo casi en paredes, de la calidez que dan estas cosas hechas para dentro de las casas cuando las pones afuera.

Hasta los cuadros colgados, de alguna manera, quizás con sedales para pescar, creo que quedarían bien sobre el paisaje.

Tras la celebración, me ofrecieron quedarnos con la mesa. No me lo creía. Me pareció tal regalo, una mesa de castaño, donde había cenado un fugitivo y además llena de tablones que permitían reducirla o ampliarla, que la llevamos como un tesoro a que la arreglaran en la carpintería, donde le quitaron la polilla que, entre el sol y la luz de esta habitación, no ha vuelto.

La mesa, tampoco volvió afuera, y a lo mejor le hacía falta, como a mí escribiendo, que me he tenido que levantar a dar un corto paseo hasta el campo que hemos sembrado de girasol por vez primera con una semilla ecológica.

Hace un par de años sembraron girasol también por aquí cerca y salió tan bien y quedó tan bonito y se llenó de tantos pájaros, que este año, para no tener que segar tanta hierba, decidí plantarlo.

Lo sembró Sergio, el carpintero que arregló esta mesa, hace unos días y la verdad, vengo de verlo, está germinando el girasol de maravilla, con muchísima fuerza, tal y como nos explicaban en el colegio, con los dos cotiledones redondeados que han salido directamente de la semilla, que es la pipa, y que son los que dan de comer a las hojas verdaderas y lanceoladas que ya tiene, aunque aún sean por ahora más pequeñas que los cotiledones de la semilla.

Este girasol recién germinado traza unos carreros verdes por donde va el surco y se queda el agua de la lluvia, y aunque han salido separadas las plantitas, parecen juntas una sola cuando se mira desde arriba el campo que tiene a los lados también algunas plantas silvestres florecidas, milenramas blancas y dedaleras fucsias.

Creo que podría quedarme a esperar a que creciera el girasol y no hacer nada más.

Vivir sólo de esto.

Quiero decir que me gustaría retirarme, dejar de escribir, y dedicarme a mirar qué escribe, por mí, la tierra.

Aunque no volviera yo a tomar nota de ello.