Lugrís

Si bien hay una luz para la pintura, para la escritura esa luz es la de la lluvia.

Para mí al menos, es en los días de lluvia cuando mejor escribo, como si las palabras cayeran con el agua porque me siento mucho más a gusto para escribir cuando no hay sol sobre los campos o cuando no flota, como ahora, este aire de primavera que ya parece de verano con la tierra pidiendo a fuerza de canto de grillos el agua del cielo.

Así imagino yo a Lugrís, dando pinceladas con el caer de la lluvia afuera, en la coruñesa calle Real, yendo y viniendo sobre el solado brillante de las piedras, como por la rampa de un muelle romano, el oleaje de paraguas mientras dibujaba “Vista de A Coruña 1669”, ese mural que pintó en 1952 sobre la pared de la que fuera la sede de un banco que más tarde se convertiría en café.

No sé casi nada de la vida de Urbano Lugrís, tampoco mucho sobre su pintura, pero tenía su mural a mis espaldas cuando tomaba un café en la cafetería hoy ya cerrada, en cuya pared pintó la marina con la que soñaba, porque no pintaba lo que veía, o exactamente lo que veía con sus ojos, sino con su alma marinera, con el verde de los castaños y el malva de los abedules, y las playas, y las fachadas al sol de la tarde que es la mejor del día en A Coruña, y hasta la torre de Hércules, muy vertical, ante el mar tumbado y el cielo, arriba, también acostado.

Su cielo en esta marina no se sabe si está gris o despejado, sobre una pared donde el mar se vuelve blanco en el horizonte y traza unos destellos sobre la línea gris estaño que tiene aquí el océano o la ría que a nuestros pies es muy azul, como si se plateara con la distancia, con esas barquitas blancas que es la luz navegando por el agua.

Cuando vinieron a rescatar de la cafetería este mural como si fuera un náufrago, creyeron que habría más cielo arriba, pero al final estaba solo esta gran pared con una pintura que se había llenado de humos y de chocolate y de café y de todas las conversaciones de la gente y de los ruidos de las tazas. También del silencio. Del silencio de la lectura tras comprar unos libros en la librería Colón y con Lugrís a mis espaldas, la lluvia afuera, empezaba yo a escribir unas palabras que hoy ya son nada.

Cuando me encontré hace unos días de nuevo de frente con esta marina en la inauguración de la nueva oficina de Abanca, en la rúa Olmos, no muy lejos de donde estaba, me pareció que había salido el sol, y a la vez estaba toda la lluvia, en el azul del mar donde se apreciaba mejor que antes ese azul infantil del agua, y al fondo esa línea gris, punteada de blanco, del océano que jamás alcanzamos.

“Paredes soñadas” se llama la extraordinaria exposición de Urbano Lugrís que podrá verse hasta el 3 de septiembre en Afundación de A Coruña.

Paredes soñadas por el mar.

Paredes con las que nos podemos dar de frente, y seguir soñando.