La narración

No me atrevo a llamarle novela, ni siquiera libro, pero ya he empezado y creo que no me voy a detener hasta que termine, aunque termine mal.

No es ésta la mejor época del año para escribir, pues tengo la casa llena, y mientras estoy aquí, parapetada por el cerrojo de mi dormitorio, puedo notar el latir del corazón de la casa, que son todos los que hay tras la pared, esperando a que termine de escribir. Les noto igual que un oleaje que estuviera chocando contra esta mesa sobre la que escribo.

No quiere decir que no me guste escribir en verano, al contrario, pocas cosas me agradan más que pasear y escribir al mismo tiempo con el pensamiento, en esta estación del año, frases que voy apuntando o repitiendo con los pasos para que no se me olviden, no tanto el contenido sino el orden, que esto ya lo he escrito, la importancia de la sintaxis, del orden de las palabras en la frase, mucho más que en una fórmula los números.

Todavía no he recibido el libro de Walser que estoy esperando, puede que venga también deambulando, pero creo recordar que he leído que escribía relatos muy breves, a la manera quizás de los cuentos de Chéjov, no lo sé porque aún no lo tengo en mis manos, aunque creo que hay escritores que acostumbrados a la brevedad no son capaces de hacer grandes novelas sino retazos que van uniendo como los trozos de una colcha de retales.

Va a ser difícil crear así alguna armonía de colores y de formas, pero me parece que yo también voy a utilizar esta fórmula de ir, no ya haciendo retales, pues todo será escrito desde el principio y seguido para que no se noten las costuras, pero sí escribiendo con brevedad, que es como vengo escribiendo los últimos veinte años.

La concisión, no está muy bien vista cuando se trata de una narración, pero yo en realidad recuerdo mejor los relatos breves, hechos a pinceladas como los cuadros impresionistas. Me pregunto si también con la escritura se podrá hacer algo distinto que no se haya hecho todavía.

No me he atrevido más que con piezas de menos de medio folio y cuanto más acortaba y más densa quedaba la historia, más expresión me parecía que tenía, como si se diluyeran mis palabras igual que una tinta con el agua de las frases por la escritura. De ahí que la narración vaya a ser muy breve pero a la vez, que te deje pensando, como me sucede a mí a veces cuando leo libros que me impresionan de tal manera que ya no puedo seguir leyendo sino ponerlo abierto sobre mí mientras miro al techo deslumbrada, no por lo que acabo de leer, sino por la manera en la que está expresado, esa claridad que se obtiene cuando se dice exactamente lo que se tiene que decir, ni más ni menos, para contar algo.

Como un cuadro pequeño que contenga un gran paisaje.

Y así, por cuadros, por billetes como los de un artículo, que aspiren a llenar el pensamiento de alguien que no pueda seguir leyendo, es como quiero escribir la novela, relato, narración, que he comenzado sobre nuestra vida en el campo, si consigo quedarme sola este verano, aunque sea al amanecer, con mis palabras.