El ecologista

Acaba de ser elegido presidente de Austria Alexander Van der Bellen.

Siento curiosidad por él, al leer que es ecologista, lo cual me parece una novedad, porque no recuerdo a nadie que declarándose de esta manera haya llegado a presidente.

Su lugar de nacimiento, el Tirol, debe haberle influido mucho porque incluso a los que no nacimos allí, nos parece imposible olvidar sus montañas, y ese aire algo irreal, por su perfección, del paisaje tirolés que recorrí con mis padres cuando era adolescente, en un viaje hacia Alemania en coche, que nos obligaba a buscar dónde dormir antes de que se hiciera de noche, y que en el Tirol fue en un lugar donde todo el mundo iba con unas sillas a esperar anochecer en el claro de un abetal en el que había un gran fuego encendido y al calor de las brasas, con un palo muy largo que nos dieron a cada uno, asamos salchichas y bebimos hasta que no quedó más que el crepitar de las llamas y esos cantos tiroleses que rebotaban en las paredes de unas montañas más oscuras que la noche. Pocas cosas he vivido que me hayan impresionado más que esa escena tan perfecta, por lo que imagino que un niño criado de esta manera no puede mas que amar la Naturaleza por encima de muchas otras cosas, o por lo menos, ser ecologista.

El ecólogo Ramón Margalef solía distinguir entre ecologismo y ecología, ya que la ecología, que es esa ciencia de la casa que consiste en una compilación de disciplinas muy distintas que sirven de herramienta para tratar de comprender cómo se insiere la vida sobre la Tierra, está carente totalmente de activismo, al contrario del ecologismo, que es más un sentimiento que una ciencia.

Leo también que estudio y trabajó en Innsbruck, que es la ciudad donde las montañas parecen abrirse paso por las calles, porque se diría que no están allí, al fondo, sino que son en la ciudad edificios de roca, nieve y verdor, recordando constantemente a todo lo que se construye, por palaciego, o vanguardista que sea, su irremediable pequeñez. Da igual que arquitectónicamente el edificio sea una obra de arte porque los ojos, a quienquiera que mire desde Innsbruck, se van a las montañas, e imagino que, tras la mirada, el pensamiento.

¿Cómo no ser ecologista con los Alpes omnipresentes?

Dicen que hasta 2022 podría estar gobernando Alexander Van der Bellen, de 72 años.

Algo me dice que el eco de su voz de tirolés podría alcanzar toda Europa.