Las tijeras

Me llamó la atención la foto de las dos científicas, vestidas elegantemente, sin bata blanca, el pañuelo al cuello, la sonrisa en la cara; al fondo, lo que me pareció un cuadro abstracto de tonos muy vivos.

La foto se publicó hace unos días para ilustrar la noticia de que a la técnica de corta y pega de genes CRISPR-Cas9 que ha diseñado la química y bióloga Jennifer Anne Doudna con Emmanuelle Charpentier, microbióloga y bioquímica, se le ha otorgado el reconocimiento de avance del año 2015 por la revista Science.

No es para menos porque puede que estemos ante una verdadera revolución genética, no por su complejidad sino por su sencillez.

¡Mujeres tenían que ser! pensé en cuanto leí la noticia, por esa facilidad que suele tener la mujer de lograr algo muy complicado de manera muy simple, que es, precisamente, lo que hace de esta técnica un gran avance: la facilidad de su aplicación.

Sin tener nada que ver, me alegró saber hace unos días que Nicole Kidman había sido también reconocida por su representación en Londres de una obra de teatro en la que encarnaba a Rosalind Franklin, la cristalógrafa que sin haber obtenido el premio Nobel, porque falleció antes, tuvo tanto que ver en el descubrimiento de la estructura del ADN que llevaron a cabo Watson y Crick con toda probabilidad gracias a que previamente habían visto las fotografías por difracción de raxos X que de la doble hélice del ADN realizó Franklin, en concreto la foto número 51 que da nombre a la obra de teatro.

De alguna manera, las mujeres ven mejor, y ven antes.

Esto que podría tomarse por un comentario feminista, seguramente tiene también una explicación científica ya que hace muchos años, estando en una fábrica de tabaco, me llamó la atención que todos los operarios que vigilaban el estado de las hojas ya secas fueran mujeres. El director de la fábrica me dio la explicación: las mujeres se fijan más, ven mejor.

Por eso me ha hecho gracia que una vez más sea así, y que precisamente dos mujeres sean las protagonistas de un avance del que me parece vamos a leer muchísimo de ahora en adelante, al haber sido capaces de observar cómo las bacterias se deshacían de los virus utilizando como tijeras una proteína, la Cas9, que cortaba por lo sano, de ahí que su técnica se denomine CRISPR (Clustered regularly interspaced short palindromic repeats)-Cas9.

Luego, si no he entendido mal, para que trabaje esta proteína cortando por donde quieren, se ayudan de moléculas sintéticas de ARN guía, con lo que se completa una técnica relativamente sencilla y barata que va a cambiar sin duda el mundo tal y como ahora lo conocemos, al poder editar el genoma para cortar y pegar, eliminando o cambiando unos genes por otros.

Y es aquí donde hay que detenerse a pensar hasta dónde queremos llegar, porque nuestra capacidad para modificar lo que nos rodea es algo manifiesto.

Cuando llego a mi casa en el campo, intento pensar cómo sería todo antes de nosotros, antes de que llegara el eucalipto a cambiar el paisaje, antes de los cultivos, antes de las carreteras.

Cómo era el paisaje cuando era sólo paisaje, sin más utilidad que la de pasear por él la mirada.

Quizás también algún día queramos saber cómo eran las especies, o el ser humano, antes de cambiar sus genes para una mayor utilidad en la vida.