La gravedad

Pienso en la gravedad mientras cae estrepitosamente la Bolsa en este lunes negro.

A la vez, han empezado a caer los primeros erizos de los castaños como pelotas de tenis tras una clase, de un verde muy claro, con tres castañas dentro cada uno.

Ayer hizo un viento que dio manotazos a las ramas y tiró no sólo estos erizos sino también los limones más grandes y las naranjas más dulces que estaban en lo alto desde el invierno, e imagino que también caerían por el monte y las huertas toda suerte de frutos que ya estaban en sazón como si se hubieran puesto de acuerdo el tiempo, la meteorología y la gravedad para que cayeran ahora al suelo.

Aprovechamos precisamente ese tiempo desapacible para ver películas que no habíamos ido a ver al cine en su día, como la de “Interestellar”, que aún me tiene fascinada. Tanto, que me he puesto a buscar quién era el director, Cristopher Nolan, creyendo que también era el autor del libro y del guión, siendo al final su hermano pequeño el escritor que, ya lo apunta él mismo, es diestro, y el director, zurdo, obteniendo entre los dos una película, más que redonda, esférica, llena de planos circulares.

Viendo la cinta pensé que estaría escrito el guión por un científico, con tantas alusiones a la Teoría de la Relatividad de Einstein, pero al final resultó que estaban, como era de esperar, muy bien asesorados por Kip Thorne, un astrofísico amigo de Stephen Hawking.

¡Qué gran película! Tiene frases para volver a escucharlas, a oído lento, con el pensamiento. Frases que no sólo te dejan pensando sino que, tras ver “Interestellar” ya no piensas igual cuando ves cualquier cosa que habías observado antes, como al salir de casa, tras cesar de llover y salir el sol, los erizos verdes caídos sobre los guijarros del camino. Comprendí al observarlos que la gravedad es tan necesaria para que germinen como el agua.

Cada semilla cuando toca el suelo, tiene lo que se llaman nastias, movimientos del vegetal, geotropismo positivo en la raíz, y negativo en el tallo, de tal manera que una planta que sembráramos en maceta y pusiéramos del revés, echaría el tallo hacia arriba, dando la vuelta a la maceta, alejándose de la gravedad, hacia el cielo; mientras las raíces irían de nuevo hacia la Tierra.

Sin la gravedad, que hace que el fruto caiga por un proceso denominado barocoria por el que la fuerza de la Tierra es mayor que la del fruto en la planta, no habría vegetación en el mundo, saldrían volando los árboles, aleteando con sus ramas; ni germinarían las semillas que lanza el agricultor sobre los campos.

Para Einstein, la fuerza de la gravedad es una cuestión de geometría, una ilusión por la deformación del espacio-tiempo que provoca la Tierra con su presencia en el Universo.

Una ilusión y, sin embargo, puede que la gravedad sea la razón de mayor peso por la que hay vida sobre la Tierra.