Blas de Lezo y Mutis

Me enteré esta mañana de que se había muerto Álvaro Mutis.

De pronto, en un segundo, todo apareció mezclado. El libro que uso para proteger mis carpetas, tal es su tamaño, y que llevo justo en el momento en el que mi hermana me da la noticia del fallecimiento del Premio Cervantes, Álvaro Mutis, y me pregunta si le conocía.

No tengo más que darle la vuelta al libro para que aparezca en letras grandes el nombre de MUTIS sobre una ilustración botánica en la que está dibujada una rama de la Gustavia augusta colombiana, con sus flores blancas.

Si hay dos nombres españoles en Colombia que se recuerdan todavía hoy en su historia y en sus calles, incluso en los billetes como en el dos mil pesetas, rosado, que hubo en España; esos dos nombres son el de José Celestino Mutis, antepasado del recién fallecido Álvaro Mutis, Premio Cervantes, y que fuera, tal y como lo definió Humboldt “ilustre patriarca de los botánicos” ; y Blas de Lezo, el héroe de Cartagena de Indias que venció a la armada invencible de los ingleses en 1741.

Quien acuda a ver la exposición que acaba de abrirse en el Museo Naval de Madrid sobre Blas de Lezo, podrá contemplar, no sin antes, claro, detenerse en ese documento que es la maravilla de las maravillas, la primera carta náutica de América dibujada por el cartógrafo Juan de la Cosa con tanto color que asombra. ¡Cuánta viveza tuvo que contemplar con sus ojos para pintarla de esa manera, con tanta fuerza que aún conserva la carta sus rojos y sus verdes, todo el colorido de la nueva tierra, cuando cabría espera un mapa descolorido y sepia! Pues bien, quien vaya tras detenerse un poco por el camino a ver, al final del Museo, la exposición temporal “Blas de Lezo. El valor de mediohombre”, podrá contemplar dos dibujos originales, anónimos, de la Real Expedición Botánica que realizara José Celestino Mutis por el Nuevo Reyno de Granada (hoy Colombia) cuando Blas de Lezo había derrotado ya a los ingleses gracias a su tesón e inteligencia, poniendo unas cadenas en las bocas de la bahía, a la manera en la que había visto hacer en su Pasajes natal, y hundiendo algunos de sus propios barcos para que hicieran de arrecife.

Hay un libro de Gaspar de Aranda que siempre me ha gustado: “Los bosques flotantes”, se llama, y en el que relata la historia de la Marina y su gestión forestal, cómo apeaban con la luna menguante los árboles de los montes, o cómo escogían los robles por la forma para hacer las quillas y las sobrequillas en el siglo VXIII. Cuando llegaron los ingleses con cientos de barcos a Cartagena, definieron el horizonte como “un bosque flotante”, tal era el número de navíos que les enviaron para asediarles, según relata el colombiano Pablo Victoria en su libro “El día que España derrotó a Inglaterra”. En sus páginas me ha llamado la atención algo que no sabía y es que Humboldt observó también que “la legislación española era la más humana en materia de esclavitud” en comparación con la inglesa y la francesa.

Un libro muy recomendable sobre la hazaña extraordinaria de Blas de Lezo que tengo mientras escribo justo al lado de ese otro gran libro que llevo a todas partes, sobre la expedición botánica de Mutis, con tapas de tela grisácea.

No coincidieron en el tiempo más que unos pocos años, ni tampoco en el lugar, porque Mutis llegó desde Cádiz al Reyno de Granada cuando Blas de Lezo ya había fallecido.

Pero están aquí los dos libros juntos, dos libros a propósito de dos españoles que figuran en la historia más gloriosa de Colombia y que recuerdo hoy, en España, a un tiempo.