“Una Asamblea de Polillas”

Con un carboncillo en la mano, sin nada, encerrado con mil llaves, sobre la pared de la cárcel, era capaz de escribir sus versos el poeta afgano Khalilullah Khalili, sobre las estrellas que no veía.

Uno de esos carbones que sometidos a una presión muy alta pueden destrozarse, o dar un diamante. Su vida, fue una constante búsqueda de ese brillo verdadero, en la oscuridad aparente de la vida. Nada pudo con él. Ni la persecución ni el abandono. Cuanta más presión sobre su vida, más brillo. “No le dejéis ni un lápiz”. “Que nadie le enseñe”. Pero él aprendía de noche bajo el brillo, como de diamante, de las estrellas.

No supe nada de Khalilullah Khalili, quien está considerado “el más grande poeta de Afganistán del siglo XX”, hasta hace unos días cuando mi amiga Fuencisla Gozalo, fundadora y presidenta de la Fundación Cometa, me invitó a la presentación del libro “Una asamblea de polillas “que había traducido del inglés al español. Como ella mismo dijo en su intervención, realizó la traducción para hacerle un regalo de cumpleaños a un amigo, el embajador de Afganistán en España, Masood Khalili, que habla como si recitara y que recita como si hablara. Es el hijo del poeta.

Su voz, llenó con la poesía de su padre todo el recinto, donde los frescos del techo tenían las grietas del tiempo, en el hermosísimo palacio que Godoy tuviera frente al Palacio Real y la puesta de sol y los jardines de Sabatini.

Dijo al empezar algo así el embajador: que estar en un lugar hermoso era como llevar un jardín por dentro. Puede que escribir poesía sea algo parecido: llevar un jardín por dentro, lleno de fuentes y de estrellas, de pájaros que vuelan por los recovecos del alma mientras todo sucede afuera. De ese jardín interior nacen palabras que asombran al mundo porque le muestran otro mundo, que es el que va por dentro de algunas personas que alumbran con una luz más poderosa que la del sol y la de todas las estrellas, porque es la luz verdadera de su ser: un jardín en el desierto: una luz en la que está el poeta dispuesto a quemarse, como una polilla en la luz de una vela.

Fuencisla leía los poemas en español, y el embajador los recitaba en dari porque él mismo, con su amigo Whitney Azoy, hizo la traducción de los poemas de su padre del dari al inglés, bellamente ilustrados en la versión española por la pintora Sohailla Khalili, la mujer del embajador.

Y aunque no entendieras nada entendías todo, como la música de un pájaro, tal es la sonoridad de la poesía de Khalilullah Khalili en dari. Pero ahora, gracias a Fuencisla también entendemos lo que dice, y de lo que habla.

En realidad la poesía, como la Naturaleza, es toda la misma. Está hecha trizas por el mundo como el paraíso y no habría más que juntar los pedazos para darnos cuenta de que es toda una. “Una asamblea de polillas”. Que se queman para dar más luz.

Hacía frío al salir del palacio y las estrellas, como diamantes, brillaban.

HAZ ARDER EL DESIERTO

La alegre estación del mundo ríe a la vida,

toda la naturaleza toma forma y se colorea.

Dame agua como vino encendido,

y deja que las flores rojas hagan arder el desierto entero.

Khalilullah Khalili

Traducción: Fuencisla Gozalo