Letras en el cielo

Unos meses antes de alquilar esta casa en el centro de Madrid vi pasar una bandada de grullas volando por su azotea.

Mis hijos me pidieron que no contara esto, ni siquiera a nuestros más íntimos amigos, ni que esgrimiera la casualidad de haber venido justo a vivir al exacto lugar por donde había visto, meses atrás, pasar una bandada de grullas, como si de un augurio romano se tratara. Fue tal mi asombro cuando las encontraron mis ojos en el firmamento, era casi ya de noche, mientras esperaba a que un semáforo se pusiera en rojo, que saqué una foto con el teléfono móvil, donde salía borrosa la luz del semáforo ya en verde, pero las grullas volando tan altas y tan oscuras que no aparecieron, para mofa de los demás, en la imagen. Iban hacia el norte. Era primavera.

Hace unos días, con un cielo gris y lloviznoso, por la ventana que da al patio de atrás, mi marido me llamó para que fuera a mirar rápidamente, y allí, delante de nosotros, pasó una bandada de gansos. Esta vez el documento gráfico, aunque dejaba que desear, no daba lugar a dudas: se veía el tejado de la casa y por encima la bandada en perfecta formación en “V” , ahí va una boda, suelen decir cuando se ve a los ánsares volando de esta manera. Sin lugar a dudas, van hacia Doñana, a comer castañuelas, ese rizoma, y la arena mojada de las dunas para digerirlo. Utilizan las luces de la ciudad, o sus monumentos y sus calles como referencia para guiarse, generación tras generación, como quien va y viene dos veces al año por el mismo camino. Pueden recorrer en una sola noche cuatrocientos kilómetros volando a remo. Porque suelen volar los gansos de noche, incluso una vez, lo juro, los vi pasar por delante de la luna, pero, entonces, vivía en el campo.

Un lector me ha preguntado que cómo podía distinguir una bandada de grullas de una de gansos, teniendo en cuenta que las dos pueden dibujar una “V” o una “I” en el cielo. Con los ojos cerrados, si las pudiéramos oír, no habría dudas, porque las grullas tienen la tráquea retorcida y producen un trompeteo tan sonoro que las ves primero de oído, como si te avisaran para que las mires, y resultan perfectamente audibles, incluso en la ciudad, si no vuelan muy altas. Los gansos, una vez me dijeron que además del graznido con el que se distinguen del trompeteo de las grullas, hacen un ruido con las alas que asusta, de la fuerza que tiene, siendo un sonido mullido, de pluma que golpea el viento. Por otro lado las grullas extienden mucho las alas, son planeadoras, y a los gansos se les nota el esfuerzo del aleteo.

Decía Wislawa Szymborska, le leí en algún poema, algo así como que la poesía huía de las manos si hacían números. Y a veces pienso que por cada número que hago, se me escapa una letra, como estas que vuelan en bandada por el cielo.