El “ultralimpio” Curiosity

A pesar de todas las precauciones, me parece que dejaremos vida en Marte.

No creo que podamos ir a ninguna parte sin ella porque se adhiere a todo lo que ha tocado, y hasta sobre lo más inerte y esterilizado, “ultralimpio”,  como dicen en la NASA que va este “Curiosity”, resulta que, aún así, no han podido evitar que lleve varios cientos de esporas bacterianas por metro cuadrado.

A mí siempre lo que más me ha llamado la atención de la vida, no es ella misma en sí, el pájaro, la planta, la espora del hongo queriendo germinar sobre la leña, sino el impulso que la alimenta, ese aliento que sigue vivísimo, latiendo, respirando en todo lo que, por turnos, encarna la vida.

Que sepamos, hasta ahora, sólo ocurre ésto con la vida sobre la Tierra, pero es de tal dimensión este empeño que el mundo se ve desbordado cuando piensas en ello. Siempre he tenido para mí que la vida es un hecho más amplio de lo que ahora creemos, que lo que llamamos Naturaleza no es un sucedido local, doméstico, de andar por casa, sino de unas dimensiones que hoy no alcanzamos a imaginar porque tampoco alcanzamos a verlas.

Ojalá el “Curiosity” traiga alguna prueba de ello, quizás alguna arqueobacteria marciana que más que llevarnos al futuro, pienso, nos llevará al pasado de la vida en el Universo. Pero, aunque no descubramos nada, de lo que no tengo casi ninguna duda, es de que el “Curiosity”, queramos o no queramos, dejará un rastro vivo sobre Marte, un “aquí estuve yo”, que es lo que lleva diciendo la vida desde que empezara.

En el laboratorio de Botánica donde estudié en la Universidad hubo un armario donde estuvo encerrado durante sesenta años un musgo muy corriente en las ciudades y al sacarlo del herbario en estado seco, lo rehidrataron y volvió a utilizar la luz y a crecer de nuevo como si el tiempo y la oscuridad no hubieran pasado.

Por aquí, se caen durante el verano, con la insolación, los musgos de los tejados y lo que pudiera parecer una muerte para un musgo, es en realidad, en una situación extrema, el último intento de conquistar un lugar mejor para seguir viviendo en manos del azar que es, quizás, donde toda la vida está.

Seguimos creyendo que somos los únicos que poseen esta ansia de llegar más lejos, cuando todo a nuestro alrededor, está haciendo a su manera lo mismo, y si no puede hacerlo por sus propios medios, lo hacen con el viento, la lluvia, o con nuestros continuos movimientos por el mundo y en cualquiera de sus formas de propagación y admirable resistencia, como las esporas bacterianas que van a bordo.

De las pocas cosas que tengo claras con esta misión es que la vida no va a desaprovechar esta oportunidad de llegar más lejos, por más  que hayan limpiado, esterilizado, incluso “ultralimpiado” el “Curiosity”.

Como una semilla volandera sigue la vida en su eterno empeño de alcanzar el otro lado del camino, o del Universo.