Mingote

Si algo aprendí de Mingote es que no había que tener prisa para hacer una necrológica.

En realidad, la que solía llegar más tarde, a veces más de un día, a no ser que se tratara de alguien muy próximo, era la necrológica de Mingote. Se diría que hacía una distinción entre la urgencia y la prisa, esa loca que nos arrastra al peor de los lugares.

Tengo aquí, a mi lado, el libro en el que reunió sus mejores necrológicas, de Pío Baroja a Rocío Jurado, que es un libro fúnebre, todo negro, que a mí siempre me asustó un poco porque me parece que hablar de la muerte es también una manera de convocarla, y encima con humor, que es casi como llorar o reír con ella; pero también, con toda probabilidad, la única manera de tratar con acierto este asunto de la muerte ya que, según escribió la persona que mejor ha definido el humorismo, Ramón Gómez de la Serna: “La actitud más cierta ante la efimeridad de la vida es el humor”. En realidad, nadie debería hablar de humor sin haber leído antes los “Ismos” de Gómez de la Serna, donde define el humor con una serie de sentencias que le sientan como un guante a Mingote: “El humorismo es lo más limpio de intenciones, de efectismos y de trucos”, o esta otra, en la que diferencia el humorismo del amarguismo: “El amarguismo hace doloroso el humorismo y antipático, y es obra del mal genio, en vez de ser obra del mejor genio; un genio tan bueno, que debe ser de algún modo desgraciado.” , y ya por último, para no cansar al texto con tantas comillas: “El humorista es un ser enlutado por dentro que hace sufrir la alegría”.

En Galicia, que es donde hasta ahora vivo, siempre se ha mirado con humor a la muerte. Te casas, y lo haces con más invitados de la cuenta, porque en tus primeras fotos de casada aparecen, tras la palmera donde duermen los estorninos, y la magnolia todavía florecida bajo la tumba de alguna niña fallecida hace cien años, todas las lápidas que aquí rodean la iglesia, de tal manera que ahora ya resulta muy difícil ver el campanario de lejos, que asoma como si fuera la isla de un náufrago en un mar de almas en paz o en pena.

Almas tristes como las cenizas que cubren estos días los barcos que hay en el muelle. Se han llenado las cubiertas al mismo tiempo del polen del pino, que es el único polen que podemos ver a simple vista porque al acumularse sobre la superficie, incluso flotando sobre el agua, da un color amarillo muy característico, el cual se ha mezclado estos días con el negro de las cenizas de las Fragas del Eume, la vida y la muerte al mismo tiempo, que es lo que hace el humorista, reírse con la muerte y llorar con la vida.

Me pregunto qué chiste le habría hecho Mingote a estos bosques.