Trabajadores del hogar

Sólo Julián Marías y Montaigne, que yo haya leído, escribieron del servicio doméstico.

Pero si bien Montaigne se quejaba en sus ensayos de los quebraderos de cabeza que le daba ocuparse de la administración de la casa y de los criados; Marías fue más allá, al considerar que el tema verdadero de nuestro tiempo, es decir, del suyo en aquel momento, era la desaparición de las criadas en las casas, por las repercusiones sociales que ello podría conllevar. Puede que nos encontremos en un momento parecido, con las modificaciones que acaban de entrar en vigor para los trabajadores del hogar y que imagino mejorarán sus vidas.

Hace unos días recordábamos a una señora que trabajaba en casa de mis suegros y que nació en esta aldea pero que, viviendo en Madrid, sólo salía un día al año para ir a la puerta del Sol a tomar las uvas en Nochevieja. Me pregunto qué idea tenía esta mujer del mundo. Cuentan que no abandonaba la cocina y que vigilaba la nevera cuando había invitados para que no cayeran en esa tentación luminosa que es toda nevera y que Joaquina vigilaba como si fuera la caja fuerte de un banco. Un día, puso para comer dos primeros platos y mi suegra, extrañada, le comentó: “Joaquina: ha puesto usted para comer dos primeros platos”. Y Joaquina, tras veinte años de impecable servicio, dijo: “Ah, sí, pues me voy”. Y se fue.

Tengo que reconocer que me encantan estas mujeres porque siguieron conservando su espíritu silvestre en las ciudades adonde se las llevaron, como si el ambiente en el que desarrollaban el día a día de sus vidas, no les hubiera afectado. En casa de mis tíos había dos señoras, Cecilia y Dionisia, que eran de Lagartera, y que cosían en la puerta de la casa, y cuando fui a verlas hace poco, en su pueblo ya jubiladas, estaban cosiendo de la misma manera, como si no hubiera pasado el tiempo por ellas mientras una bandada de grullas, con sus sonoros trompeteos, sobrevolaba muy alta el campanario. Son personas, para mí, inolvidables, pero su ayuda constante nos hace olvidar muchas veces lo importantes que son, hasta que nos faltan.

A veces estoy barriendo y me pregunto si no sería mejor que estuviera leyendo, pero también es verdad que muchas cosas de las que se me ocurren se me pasan por la cabeza mientras paso la bayeta o veo, como esta mañana, sobre el cristal de una ventana que abrí para ventilar, una de esas mariposas gamma que migran de noche y mientras hacía la cama, me preguntaba de dónde podría venir a estas alturas del año.

También me pregunto cómo afectará a las vidas de las parejas que trabajan, o de los que tienen niños o mayores a su cargo, cumplir con las nuevas normas para los trabajadores del hogar. Puede que como sucede ya en Estados Unidos, casi nadie pueda disponer a partir de ahora de servicio doméstico.

Pero no sé qué hago yo aquí escribiendo, con la montaña de ropa que tengo para planchar. Feliz 2012.