La compleja sencillez

Yo creo que Frank Lloyd Wright puso la casa en mitad de la cascada para que viéramos el agua y no su arquitectura, como nos empeñamos en seguir haciendo setenta y cinco años después de haberla construido.

Para celebrar el aniversario de este hecho: que alguien quiera destacar la naturaleza por encima de su propia obra, he recuperado, tras buscarlo, el libro que escribió él mismo y que encontré, porque los libros vuelan a veces más lejos que las palabras, en una librería de Johannesburgo, junto a un ejemplar que hablaba de la arquitectura española en Sudáfrica.

Lo tengo desde el año 2005 (“An autobiography”, Frank Lloyd Wright) pero es ahora cuando he sentido más curiosidad por lo que él mismo había escrito de sí mismo. Como en la casa de la cascada, pone el foco en lo que no es él, al menos en el capítulo que he traducido esta tarde, titulado: “Sencillez” (“Simplicity”) cuyas palabras, sin entenderlas del todo, me han emocionado, porque subyace en lo escrito, cuando es verdadero, un sentimiento que traspasa el significado exacto de lo que dicen, como una música, quizás de Beethoven, del que también escribe.

Así me ha parecido comprender el significado de este capítulo en el que se refiere a una sencillez orgánica, donde ya nada más empezar, nos advierte: “Ser simple no es necesariamente ser sencillo”. La sencillez es lo que posee la flor silvestre en el campo y aunque tengamos el doble de esa misma flor porque la hemos cultivado, habrá perdido entonces la espontaneidad de la vida, la sencillez, es decir: todo.

Esto es algo que por más que se diga no se entiende: nada tiene que ver lo que existe por sí solo que lo que existe porque nuestra mano está, voluntariamente, moviendo los hilos en esa dirección. Quiero decir: a la simplicidad, a la sencillez, solo se puede llegar si al trabajo se le deja un resquicio para el libre albedrío porque sin eso que viene por sí mismo dado, no habrá simplicidad, naturaleza, sencillez, sino artificio.

Wright lo explica magistralmente: “En arquitectura, los cambios expresivos de la superficie, el énfasis de la línea y, sobre todo, las texturas de los materiales y el patrón imaginativo pueden hacer los hechos más elocuentes, las formas más importantes”… “Hay que alcanzar la sencillez como el artista que utiliza una golondrina de mar como una parte perfectamente realizada de un todo orgánico”.

Y la casa de la cascada, a mi parecer, habla del ruido del agua salpicando los rododendros, o de cómo se congela y se calla y forma la nieve… “Una manta ligera de nieve recién caída sobre el terreno en pendiente, brillando en el sol de la mañana” tal y como empieza, de niño, Frank Lloyd Wright su autobiografía.

Puede que la libertad de la sencillez solo se alcance, como el lirio en el campo que “ni hila ni trabaja”, tras la más complicada de las existencias.