Calamares bajo la lluvia

Da gusto meterse en la cama para escribir mientras llueve.

Hasta hace unos días estaba todo seco y el aire se llevaba el agua a manos llenas de todo lo que tocaba. Pero ahora mismo se diría que está cayendo lo que sigilosamente se fue llevando el cielo pues llueve con ganas y no ha parado de llover en todo el día.

Ayer, cuando estábamos pescando calamares, notamos las primeras gotas de esta lluvia. Al fondo, se veía una niebla muy espesa que finalmente se nos echó encima como un fantasma y hubo que regresar a puerto antes de lo que hubiéramos querido.

La pesca del calamar, es una pesca que hipnotiza. Al no tener que usar el motor, y estar la superficie tan en calma, se produce un silencio marino que debe ser lo más parecido al que hay en el fondo de los mares. De vez en cuando, pasan hacia el oeste los charranes, que son para mí los grillos del cielo, pues más que cantar se diría que estridulan mientras llevan algún diminuto pez en el pico. He visto charranes que incluso, una vez pescado tras la zambullida en picado desde el cielo, sueltan por unos segundos la presa en el aire, para sujetar al pez después de nuevo de tal manera que resulte más fácil engullirlo, al igual que hace el martín pescador para que no le raspen las escamas del alburno. Me contó hace unos días un primo de mi marido, que en Asturias llaman charrán al que es un charlatán, un bocazas, y es cierto que siempre están hablando, chirriando en el cielo los charranes, cuando pasan al atardecer por encima del barco.

Nunca te sientes solo cuando estás pescando calamares. Porque además de las aves que pasan, están los cardúmenes de peces, ya sardinas, o caballas que se oyen dar la vuelta a sus aletas, todas a la vez, produciendo un sonido de chapoteo sobre la superficie del agua. También las gotas de lluvia, hacen un ruido sobre el mar que, no se sabe muy bien por qué, acompaña. Y las voces que llegan, como si estuvieran ahí mismo, de todo el que al calamar ha salido, diciendo “ya entran, ya entran”.

Casi siempre hay un solo pescador por bote, pero todos están unidos por el banco de calamares en el fondo. Ayer lo primero que subió fue una sepia, de las que viven un año ya que tras la puesta, mueren. Poco le quedaba ya de vida a la que vino ayer echando agua sobre la cubierta como si así pudiera todavía huir por propulsión a chorro para luego, lanzar como el calamar, también la tinta. En la mano, el cuerpo de la sepia resulta blando, al contrario del calamar, que tiene un manto muy recio.

Sigue lloviendo pero estará la ría a esta hora de la tarde otra vez con sus botes esperando que entren los calamares a los que ya en cubierta les caerán del cielo, por vez primera, gotas de agua dulce.