El orden de las palabras

Yo no sé de dónde nace el orden de las palabras, pero sé que esos enlaces invisibles que las unen, son más importantes que ellas mismas.

Por eso me quedé estupefacta hace unos días cuando en un ejemplar de “El País” que andaba suelto por un “Mc Donald’s”, a estas alturas del verano cuando de pronto te apetece una hamburguesa antes de hacer la compra, al abrir el suplemento cultural “Babelia” me encuentro primero a Borges, en el salón de baile en el que estuve en un hotel de Palermo; y un poco más allá, una página impar entera en la que José Antonio Expósito, en un minucioso artículo de Opinión titulado “Voces comunicantes”, trata de convencernos de que Pedro Salinas plagió a Juan Ramón Jiménez por la coincidencia en las ideas y las palabras usadas en sus poemas.

La comida rápida se volvió lenta. ¿Cómo es posible que alguien que conoce la poesía no comprenda en qué consiste la poesía? La poesía es una suma de cuatro palabras que da infinito. Pero una suma donde el orden de los sumandos sí altera el resultado. De ahí su misterio. La poesía es esa voz misteriosa a no sabemos quién debida. No a Juan Ramón Jiménez. Ni a Pedro Salinas. La poesía no son matemáticas, tú has dicho, yo he dicho. No son tampoco palabras, islas, palacios, torres, ni pronombres. La poesía es el hueco, abismo, precipicio que separa y une cada una de las palabras que hay en el poema.

El orden, la sintaxis, la transparente unión entre las “islas, palacios, torres”, es fundamental. Si yo me despierto de noche con una frase en la cabeza, no la apunto por temor a olvidarme de las palabras que contenían, sino del orden en el que estaban escritas en el sueño. Cambia completamente, no ya su significado o su música, sino el mundo en el que viven, que es redondo como la Tierra.

Es curioso porque en la Naturaleza también se aprecia una sintaxis muy clara que en ecología llamamos sucesión y que consiste en decir lo mismo una vez y otra, en infinitas formas, de la misma manera. Puede que la vida sea un decir constante, pero ojo, en riguroso orden y concierto. De haber ido en su evolución apareciendo las especies de otra manera, tendríamos otra biosfera, otra vida en la Tierra. Y puede que el mayor problema ecológico de nuestros tiempos, sea el desorden de las especies.

No hay plagio en la poesía, ni vasos comunicantes, no es posible, a no ser que se copie el poema palabra por palabra, y en ese orden. Por eso cada poema es único, como es única, en la multitud, cada vida, donde también la colocación de los acontecimientos cuenta, ya que lo importante no es lo que nos pasa sino el orden en el que nos van sucediendo las cosas, y lo malo, no tiene por qué ser lo último que suceda.

Ya lo escribió Salinas en verso, y lo escribo yo ahora desordenado como un recuerdo: que el cuento que acaba mal es porque no ha acabado de contarse.