El origen de las vacaciones es francés

Lo dijeron ayer en la recién estrenada película El caso Farewell, en la que sólo al final me di cuenta de que estaba dirigida por un director francés: Christian Carion; con lo cual he visto, y con agrado, dos películas francesas casi seguidas, pues hace unas semanas también me gustó mucho Pequeñas mentiras sin importancia (Les petits mouchoirs) de Guillaume Canet.

En las dos se aprecia un cine distinto, en el que la historia se centra en lo que pasa por fuera y por dentro de cada uno, la manera en la que los sucesos influyen a los personajes, que es la forma, a mi parecer, más verdadera de contar las cosas.

En Pequeñas mentiras sin importancia, se ve claramente. El hecho es sencillo: uno de los amigos de un grupo sufre un accidente cuando se disponían ya a iniciar juntos las vacaciones. Y así, los amigos del alma que siempre han veraneado todos como si en el mundo no hubiera desgracias en verano, deciden marcharse igualmente y queda en la UCI el que sufrió el accidente porque, qué contratiempo, estar en el hospital en agosto; y no digamos la muerte, no hay nada que de más calor y resulte más agobiante que un entierro en verano. Puede que las vacaciones, sea cual sea su origen, consistan en realidad en una negación, al menos por unos días, de que la vida puede acabarse en cualquier momento.

El lugar que elige cada año este grupo de amigos para olvidarse de la realidad, me pareció desde mi butaca que era Arcachon, esa gran bahía francesa en la que se cultivan ostras grandes como una mano y que se pasan el día estos amigos abriendo ya en un barco, ya en una terraza, mientras beben vino al sol y ríen y discuten y bromean al mismo tiempo que la marea, en esos estuarios en los que parece que el mar se desnuda en las bajamares, sube y baja con la luna.

No pasa nada digno de reseñar y sin embargo seguimos todo con una gran intensidad porque el foco está puesto en la particularidad con la que vive cada uno. También se aprecia cómo se acentúa con la convivencia veraniega cada personalidad, igual que se ve más la flor cuando está rodeada de verdes.

También la película de ayer, El caso Farewell, aún siendo una historia real de espionaje en la fría y antigua U.R.S.S. de los años 80, desprende una calidez inusual por estar contada también desde el punto de vista de los protagonistas. Y gracias a esa perspectiva personal, entendemos al fin la historia que una vez fue noticia.

Hay una escena al principio y al final de gran belleza cuando tras un disparo, salen volando los cuervos sobre un bosque nevado.

“El caso Farewell” y “Pequeñas mentiras sin importancia”, dos películas francesas en las que, al salir, tienes la sensación de haberte llevado algo.

 

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