Desobediencia civil

Lo que está pasando me recuerda a Henry David Thoreau, y a su brevísimo pero enorme ensayo titulado “Desobediencia civil”.

Fue H.D. Thoreau un hombre que se hacía preguntas cuando nada podían quitarle porque estaba acostumbrado a estar solo consigo mismo, lo cual le permitió atravesar los muros de la cárcel con su pensamiento, y también el tiempo desde 1848 hasta nuestros días: “¿Es la democracia, tal como la conocemos, el último progreso posible en el terreno del gobierno? ¿No es posible dar otro paso más hacia el reconocimiento y la organización de los derechos del hombre?”

Palabras que pronunció en una conferencia, cuando quedó libre, con el título “La relación del individuo con el Estado” y que un año después se publicaría como “Resistencia al Gobierno Civil”, que a los tres años de su muerte se cambia por esa “Desobediencia civil” que nace de la negativa de Thoreau a pagar un impuesto de nueve chelines como protesta por no abolir la esclavitud el Estado que lo encarceló.

Nació H.D. Thoreau entre los bosques de Maine y el cabo Cod, en esa costa Este americana de donde salieron pensadores trascendentales que creían en el individuo por encima de todo, e incluso poetas que vivían aisladas, encerradas en su mundo como Emily Dickinson, para dar una obra al mundo. Puede que el propio aislamiento, la distancia de la Nueva Inglaterra con respecto a la vieja, como suele suceder con las especies en las islas, favoreciera la especiación, la riqueza de genios en esta región de Norteamérica.

Le gustaba tanto la soledad a H.D.Thoreau, que incluso le pide a su amigo Emerson, el autor de “Naturaleza”, que le deje ir a la laguna de Walden para construirse él mismo una cabaña donde vivir unos meses mirando el paso de las estaciones. De esta experiencia, nació “Walden” publicado a la vez que las bayas del saúco fructificaban, como señaló el propio Thoreau, empeñado en mezclar la cultura y la naturaleza. Hoy los saúcos están florecidos.

Pero quizá lo más importante, fue la fuerza que otorgó Thoreau al individuo. Porque si bien es verdad que casi hipnotiza contemplar a tanta gente reunida en un mismo lugar, a mí lo que verdaderamente me llama la atención es lo que puede llegar a alcanzar una sola persona, un solo individuo, cuando piensa. La influencia del individuo que inspira a otros individuos, como inspiró Thoreau a Gandhi, y a Martin Luther King. Yo tengo un sueño. “I have a dream”.

Y aunque el medio por el que se propague el mensaje haya cambiado, lo que perdura es el espíritu del que manifiesta con claridad una idea porque, del Sol, lo vital no es cómo recorre el espacio, sino la luz que sobre el mundo proyecta. Y la idea, es una luz.

“No existirá nunca un Estado realmente libre e ilustrado hasta que el Estado alcance a reconocer al individuo como poder más alto e independiente, de quien derivan todo su poder y autoridad, y lo trate en consecuencia”. (Escrito por Henry David Thoreau para estos días).