Brevedad y genialidad

Llevo un buen rato tratando de buscar un libro que ya había encontrado.

Y esto es lo peor que me puede pasar, porque una vez localizado, ya es imposible saber en qué lugar lo dejé, si en la mesilla, o en la librería que hace esquina, donde antes hubo una salamandra, que dejó su huella de hierro sobre la madera. Y aquí me acuerdo de quien estoy buscando, Ramón Gómez de la Serna, y aquello de que: “Lo que más le duele al árbol de los hachazos es que el hacha tenga mango de palo“.

Todo lo escribió y lo describió, con una brevedad asombrosa, llena de enjundia. No hay paja ni relleno. Todo es palabra pura. Idea sin estrenar, que no se gasta jamás. Yo creo que es así porque no nace de la escritura, quiero decir, de la palabra que pasa por las manos y haciendo como si tocara el piano, va a la máquina de escribir, o a un papel donde se garabatea. Ese intermediario que es la tinta, no puede tocar la idea. Porque la mancha. Tiene que ir, directamente, del pensamiento, transparente, sin ensayos, para que al leerlo no se estén viendo las palabras, físicamente, sino el pensamiento puro del que tuvo esa ocurrencia, tal y como la tuvo.

Y así, lo que leemos no es literatura, sino la mente de Gómez de la Serna, lo que pensó, o más bien lo que se le vino de pronto a la cabeza, mientras miraba algo, o algo pasaba cerca de su mirada para que lo viera. Es así como nace la greguería, ni un paso voluntario hacia ella, leí en el libro que estoy buscando, y no encuentro: “Ismos“, de Ramón Gómez de la Serna, donde clava la definición de humorismo, al que acierta a sumar la metáfora.

Ese amor por las cosas, hizo que las cosas le revelaran su alma, para escribirlas. Pero también Ramón, habló de la naturaleza, y cada una de sus greguerías, son igual de limpias y perfectas: “Las bellotas nacen con huevera“…” el olivo siempre tiene cara de haber dormido mal”… o el más difícil todavía, por acercarse al precipicio no ya de la brevedad, sino de la cursilería, sin llegar siquiera a tambalearse…”El arcoiris es la cinta que se pone la naturaleza después de haberse lavado la cabeza”.

Ahora que la brevedad ha llegado a las redes sociales, y quien, inocentes, como si acabaran de nacer a este complejo mundo de la sencillez, empiezan a darse cuenta del peso que pueden llegar a tener en una vida cuatro palabras, es cuando más pienso en Ramón Gómez de la Serna, porque este es su tiempo, y nos falta, ya que, la genialidad, entre tanta brevedad, brilla sin él por su ausencia.

Cuando esta noche salga la luna creciente, me acordaré de lo que pensó Ramón al verla de esa manera: “La media luna mete la noche entre paréntesis”.

Es imposible ya que salga la luna, sin el brillo de ese pensamiento.