Premio Nobel con su nieta en brazos

Me ha parecido preciosa la fotografía de la agencia EFE en la que sale Mario Vargas Llosa, en el avión, volando hacia Estocolmo, con su nieta de diez meses en brazos.

Estoy deseando leer su discurso. Se habla de sus novelas, pero a mi donde de verdad me ha deslumbrado Vargas Llosa, es en sus relatos menores en extensión, como son sus artículos, sus discursos, y los prólogos de algunos libros.

Es curioso. No podría escribir ahora mismo de ninguna de las novelas que están por mi casa; y sin embargo recuerdo, sin tenerlos aquí a mano, varios artículos suyos, “Recado para los sordomudos“, en el que contaba Vargas Llosa que estaba a régimen, lo cual le impedía dormir bien porque el hambre le daba insomnio, y se pasaba las noches pensando, entre otras cosas en la carta de protesta que el presidente de una asociación de personas mudas le había enviado, lo cual era el punto de partida para hacer un repaso de lo difícil que empezaba a resultar escribir hoy en la prensa, sin que alguien se diera por ofendido.

También recuerdo un artículo suyo sobre Stefan Zweig, escrito desde Salzburgo, y los prólogos de dos de mis novelas preferidas: “Los Miserables” de Victor Hugo, y “Madame Bovary” de Flaubert. En ambos, traza un prólogo Vargas Llosa, admirable, en el que se detiene en los zapatos que Emma Bovary lleva en la novela; y en “Los miserables” de Victor Hugo, en la cantidad de palabras que escribió este autor, lo cual hizo posible que una carta llegara a su destino poniendo solo en el sobre: “Mr. Victor Hugo. Océan”. Porque la prosa de Victor Hugo era como un océano. Calculaba incluso en el prólogo Vargas Llosa cuánto tiempo tardaría “un titánico lector” en leer la obra completa de Victor Hugo, incluyendo sus millares de cartas y apuntes: “No menos de diez años, siempre y cuando esa lectura fuera su única y obsesiva dedicación en la vida”.

Todo esto nos hacía ver la dedicación que exige una obra. Se parece a lo que una vez leí que decía el hijo de Camilo José Cela de su padre: que lo recordaba escribiendo tapado con una manta. También, Juan Ramón Jiménez, se cambió varias veces de piso, porque no soportaba el ruido que hacían sus vecinos. Tal puede llegar a ser la necesidad de aislamiento. De ahí quizás que Enrique Vila-Matas, expresara una vez que “el escritor acaba solo y acaba mal”. Tampoco esto, he podido olvidarlo.

Preguntado por a quién le daría el premio Nobel, ha respondido Vargas Llosa que a Borges, quien fue un desgraciado, tal y como el mismo Borges escribió en su poema “El remordimiento“: “He cometido el peor de los pecados/ que un hombre puede cometer. No he sido/feliz”… que me hace llorar cada vez que lo leo.

La foto de Vargas Llosa con su nieta en brazos, me ha parecido emocionante.

Un día esa niña dirá: yo también acompañé a mi abuelo cuando le entregaron el Nobel.

Era feliz, y no estaba solo.

www.aceytuno.com