Huellas en la nieve

La nieve hace visible a los animales que no vemos.

Ahora mismo hace tanto frío, que sin viento, las pocas hojas que quedan en los castaños tiemblan muchísimo, porque están petrificadas. Es por la tarde, y ya está helando como si anocheciera. Ojalá nevara un poco, pero está completamente despejado. Aún así, carretera arriba, dicen que ha nevado y si esta noche hiela, mañana sería un día estupendo para ir a ver huellas de animales.

Por muchos años que vivas en el campo, es difícil toparse con la fauna que en ese mismo lugar pasa también su vida, porque se diría que los animales, asustados de nosotros, cambiaron sus hábitos de vida, y se refugiaron en la noche, como los nuevos mendigos que, al menos yo, empiezo a encontrarme. Hace unos días vi a una señora, de noche, en la calle, buscando fruta podrida en un contenedor de basura. Yo estaba entrando en el coche, cuando oí un ruido y la vi allí, revolviendo. Ni me miró. Como si yo estuviera al otro lado de un mundo desconocido para ella, o ella en un mundo invisible y desconocido para mí.

Pensé en la señora mientras regresaba a casa por un camino tan oscuro que siempre voy despacio, por si me saliera algún animal de pronto. A veces, cruzan los corzos, o se ven en la cuneta los ojos de algún carnívoro silvestre, una marta, un tejón, o un zorro, a los que resultaría muy difícil ver de día. Volvía pensando que la nueva pobreza que se nos viene encima tal vez nos vuelva más animales, pobre mujer, no consigo olvidarla, toda arreglada, de noche, revolviendo como un gato en la basura. Tenía en la mano una naranja. Así que al llegar a casa, que es como llegar a lo más oscuro de una cueva, se me fueron los ojos a la luna que había muy baja en el horizonte, y al cielo estrellado de invierno. Y junto a las estrellas, la copa del naranjo, cuajada de fruta verde que ha empezado a ponerse naranja. Es el mejor árbol de Navidad que existe: un naranjo de fruta encendida en la noche helada, porque así como el verde en la oscuridad no se ve, el blanco y el naranja parece que tienen luz propia.

Por eso cuando nieva, la noche es blanca y luminosa. Todo parece nuevo, y cada animal que pisa el mundo, el primero que lo hace sobre la Tierra, y allí quedan sus huellas si hiela: la del tejón, como la mano regordeta de alguien con las uñas muy largas, y la del jabalí, con la pezuña sin ninguna gracia, pero con el rastro del cuerpo peinando la nieve, por tener las patas tan cortas, haciendo toboganes como las nutrias junto al río.

Ya está anocheciendo y hace muchísimo frío. ¿Tendrá alguna estufa encendida la señora que vi el otro día? ¿O estará temblando como la última hoja de un castaño?