Hongos y setas

El año pasado encontré un rodal de rúsulas rojas que parecían manzanas en el suelo que se le hubieran caído a un camión volcado en el camino; tal era la cantidad que había.

Pero este año, cuando fui al mismo lugar y en las mismas fechas, no había ni una. Esto es lo que nos desconcierta y nos fascina de las setas. Que en realidad no sabemos nada de ellas porque su verdadera vida, está en su micelio, escondido bajo la tierra, o en el corazón del tocón de un árbol talado que quiere seguir viviendo de alguna manera.

Los hongos, son un reino aparte porque, al no tener clorofila y almacenar glucógeno, recuerdan al reino animal, y en otros aspectos al vegetal. Los cuerpos fructíferos de los hongos, son las setas, es decir que el hongo es algo así como un árbol bajo la tierra, y la seta, su efímera fruta.

Yo no podría decir que conozco a todos los hongos que por aquí se dan pues todos los años me encuentro con alguna especie que no había visto. Hay setas que almacenan el agua de la lluvia al tener sus sombreros forma de gran copa, y otras que son raídas por las babosas de noche y aparecen por la mañana sus sombreros rojos con cráteres blancos, luminosos como la luna. Hay otras setas que crecen en la leña, y hacen ondas como las de las piedras de los acantilados, y también hay en los prados corros de brujas, de senderuelas anaranjadas, y coprinus que nacen sobre el estiércol de los caballos.

Este año he visto un hongo que no conocía sobre los cortados del terraplén de la carretera y que recuerda a esos yesqueros con los que se hacía la yesca de los chisqueros, y que salen sobre los troncos aún vivos de algunos árboles; y por desgracia, también este año, me he encontrado con esa suerte de mano del diablo que es un hongo al que llaman pulpo de monte, porque es como un pulpo que asomara de la tierra, pero con un olor tan nauseabundo que se llena de moscas que después dispersan sus esporas. Dicen que esta especie, procedente de Australia y Nueva Zelanda, llegó a Europa con material militar de la Segunda Guerra Mundial, pero yo más bien creo que vino con la madera, y ahora se extiende igual que las especies alóctonas arbóreas.

Cuando Luis Ceballos pronuncia en 1965 su discurso de ingreso en la Real Academia Española de la Lengua sobre la flora del Quijote, encuentra 87 referencias botánicas, y ningún hongo. Tampoco García Lorca, se acuerda en su obra de los hongos.

Tenía que ser un gallego, Álvaro Cunqueiro, quien escribiera de ellos: “Surgen de la tierra y al pie de los troncos, germinación extraña y venenosa, salvo algunos que permiten gustar al hombre el zumo del bosque encerrado en su fibra esponjosa, gustar el aroma y el frescor de la tierra, antes de que el hielo invernal los petrifique.”