Marina Silva

Hay personas que me llaman la atención de lejos.

Una de ellas es Marina Silva, a la que no conozco más que por las noticias que van llegando de las elecciones brasileñas, donde se da más importancia a una señora que suele ir de rojo, que a esta otra mujer, muy delgada y enjuta, es verdad, con aspecto de haber sido monja, pero con el pelo aún muy negro, para su edad, y el gesto muy sabio, y una firmeza de las que puede hacer temblar al mundo.

Procede, según he leído, de esa zona donde se recolectaba en Brasil el caucho, y que recuerdo haber visto, yendo hacia Perú, cuando, a novecientos kilómetros por hora, estás durante cuatro interminables horas sobrevolando la selva del Amazonas. Abajo, la vegetación tiene la densidad de una coliflor, y el verde del brócoli porque todo es selva y es verde y es copa muy junta de árboles. Solo donde pasan los ríos haciendo meandros que brillan con la luz del sol, la selva, que es como un río de lava verde que todo quiere engullirlo, parece detenerse ante el paso del agua. Desde el aire, no se ve una carretera ni nada que diga: aquí vive alguien. A veces, en un meandro, aparece una hacienda muy pequeña, como si fuera parte del limo, con su diminuto aeropuerto de tierra roja, pero en todo lo demás, es la selva la dueña.

Y yo imagino que esta mujer, habiendo nacido allí, siendo sus padres recolectores de caucho, tiene que tener la fuerza de esta selva en su sangre, y no habrá quien la detenga en su camino. Hoy ya dicen de ella que será clave en la segunda vuelta.

Ya digo, yo sé poco, pero recuerdo Manaos, donde la selva hacía un gran claro, no solo por los edificios, sino porque allí confluyen las aguas oscuras y transparentes del río Negro, y las rosadas del Amazonas; e imagino que el lugar donde nació esta mujer en 1958 , también al noroeste de Brasil, en el Estado de Acre, en Río Branco, debe ser parecido porque también allí se vivió la fiebre del caucho.

Y así cabe esperar que esta señora vaya colonizando, con lentitud pero con la constancia de la selva amazónica, los votos de las personas que viven en Brasil, ese lugar de la Tierra donde se guardan los recursos naturales más valiosos del mundo.

Que no supiera leer hasta avanzada edad, solo supone que antes conoció las cosas por lo que veía que por lo que leía de ellas.

Y Marina Silva lo primero que vio fue la selva, y la manera en la que, con sus semillas, por el aire o flotando, logra la vegetación cruzar el agua de los ríos.