La berrea

Yo misma me tapé la vista del valle con especies frondosas para que no me importara que llegase el otoño.

No sé si por ahí, estará ya sonando la berrea, que a estas alturas del año suele empezar en Andalucía en cuanto caen unas gotas de agua como si estuvieran los venados esperando que la lluvia les bendijera el celo.

En Doñana, cuando empieza la berrea, por andar los venados con las tropas de ciervas, ya no se acercan al mar como los describiera hace dos mil años Virgilio en la Eneida, cuando al trepar a un acantilado Eneas, “observa a tres ciervos/vagando por la playa” . También los jabalíes van a la playa cuando se queda vacía, a por algún pescado que haya en la orilla.

Por aquí, cuando empieza la caza, ya no es la primera vez que un jabalí aparece nadando en el mar porque vino huyendo de alguna batida, y también es corriente que en los embalses los corzos crucen a nado para no tener que vadearlo por donde, seguramente, ya iban sus antepasados antes de que el embalse inundara esos senderos que hacen con sus patas los animales a su paso.

De momento no hay ni brizna de otoño, y tengo ahora mismo las contras cerradas porque si viera el sol que hace, no estaría aquí dentro ya que vivo en esa continua despedida que es el final del verano, en la que te duele alejarte del mar y del campo porque aunque de aquí no te vayas, ves cómo los días, de repente, se llenan de oscuridad y se vacían de paisajes iluminados como un escaparate, porque ya casi todo es noche cerrada.

Pero es la berrea, el bramido del ciervo en el atardecer el que dice que acabó el verano. Aunque en las zonas bajas del sur de España suele comenzar a finales de agosto y principios de septiembre, según la altitud y la latitud puede variar el inicio en varias semanas, y la duración de la berrea puede prolongarse incluso un mes para hacer coincidir los partos con la mejor época del año que es la primavera, cuando todo es pasto y hoja y rama nueva, porque el venado es más ramoneador, comedor de ramas, que de hierba: se calcula que el 73% de su dieta, son especies leñosas.

Empiezan las noches en las que hay que ir a Andalucía y a Cáceres y a los encinares de La Mancha y de Toledo para quedarse bajo la quejumbrosa sombra oscura de una encina a esperar el sonido que anuncia que, ahora sí, llegó el otoño.

La berrea es el gritar/ los amores y las ansias/ de los machos de verdad” (Soleá anónima de la marisma andaluza)