El ecologismo aterriza en la política

Me informa la Sociedad Española de Ornitología, SEO/BirdLife, que Alejandro Sánchez, con quien coincidí en la facultad de Biología, dejará de ser su Director Ejecutivo para unirse, quizás, al proyecto político de López de Uralde, ex Director Ejecutivo de Greenpeace España.

Siempre me ha gustado distinguir entre ecología y ecologismo, tal y como hacía el gran ecólogo que fue Margalef, puesto que la ecología es una ciencia, y el ecologismo, una militancia. Para ser ecologista, además de amor a la Naturaleza, hay que tener muchas ganas de defenderla, aunque el conocimiento de la misma no sea profundo. Para ser ecólogo, sin embargo, hay que hacer por lo menos una carrera y después adentrarse en esa ciencia de síntesis que es la ecología, la ciencia de la casa, en la que no solo hay que saber zoología o botánica, sino química, física, estadística, matemáticas…y en fin, una serie de conocimientos a cuya complejidad hay que unir la de tratar de entender cómo se relaciona todo con todo. No es fácil. Creo que la ecología, como la filosofía, exige además un gran esfuerzo intelectual, casi de abstracción, para comprender con cierta altura de miras cómo funciona la vida que nos rodea.

Lo único que tengo yo claro es que, en ecología, hasta las soluciones tienen consecuencias. Por eso este aterrizaje del ecologismo en la política, me da qué pensar, al igual que también me dé mucho que pensar el político que, de pronto, se declara ecologista. Hay un algo de compartimento estanco entre ambos mundos que aún no estoy segura de sí nos llevará a algo bueno. Para empezar, chirría un poco desde el punto de vista ético, como toda cercanía a la política de lo que creímos, hasta hoy, contrapoderes. Y así como los sindicatos nos gustan menos cuanto más pastelean con el gobierno; o los periodistas nos parecen menos creíbles cuantos más canapés y desayunos comparten con los políticos; así, de pronto, produce, para empezar cierta tristeza ver a dos grandes figuras de nuestro ecologismo en el otro bando, que es el de la política, lo cual nos deja más solos y con la mosca detrás de la oreja.

La intención, seguramente, es buena y no me cabe ninguna duda de que van a recolectar muchos votos en un país que está más que harto del bipartidismo político. Mis hijos, que no saben a quién votar, al igual que tantas personas, serán fáciles de captar por ellos, e imagino que algún partido mayoritario ya se está frotando las manos, pensando en el pacto futuro. Y aquí será cuando el ecologismo se habrá vendido del todo.

El amor a la Naturaleza, por favor, no me lo pongáis de excusa. Que si hay algo que contamina, hasta manchar la más pura de las almas, es la política.

No solo en la ecología, también en el ecologismo, hasta las soluciones tienen consecuencias.