La casa de los veinte mil libros, de Sasha Abramsky

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La casa de los veinte mil libros, Sasha Abramsky (traducción de Ángeles de los Santos) Ed. Periférica. Colección Fuera de Serie. 2016. Tapa blanda. ISBN 978-84-16291-40-3. 360 págs. 22,00 €

Mi abuela María, como Chimen Abramsky, también nació en 1916. Entiendo la admiración de Sasha Abramsky por su abuelo, por lo vivido y poco contado. Su abuelo murió. Mi abuela María aún vive. No son vidas paralelas. Sí son caracteres reservados. Vivieron, trabajaron, pero no se jactaron de haberlo hecho.
Tengo que confesar que me quedan algunas páginas para terminar este libro, que me lleva acompañando los últimos meses. Cuando se tarda mucho en leer un libro, uno recuerda haberlo llevado para todas partes (lo pone en la mesilla de noche, o junto al sofá y lo echa en el bolso para una sala de espera) Conclusión: apenas lee pero el libro da muchas vueltas y te acompaña.
Este libro es de sosiego y subrayado, no excesivo, pero sí contiene algunas referencias importantes. Sobre todo, si comparten con el autor el respeto y el anhelo por comprender mejor la vida de sus antepasados: sus decisiones, vicisitudes, amistades y miedos. La casa de los veinte mil libros es la casa de Chimen y Miriam Abramsky (abuelos del autor) y se convierte en Londres en lugar de encuentro de historiadores, economistas, militantes del partido comunista, exiliados, actores…lo define mejor en la página 195: una galaxia de talento. Que no de afinidad, porque las broncas eran a veces sonadas. Y es lo normal y sano, si se expresa sinceramente lo que se piensa. Ya lo decía Sartre “uno y otro son diferentes. Si dos están de acuerdo, es un malentendido”
Las discusiones se acompañaban de cenas y tés, alargadas y aumentadas milagrosamente pese a la escasez y se rodeaban de libros y libros. Pasión y trabajo de Chimen Abramsky, que recorrió Europa buscando ejemplares para su librería en Londres y para cualquier rincón de su casa. El judaísmo (versión histórica) y el comunismo son los principales temas de interés del protagonista y a los que el autor dedica las páginas. El propio Chimen se declara ateo y socialista. El judaísmo se agarra en casa como cuestión cultural y de tradición. No obstante, es hijo de Yehezkel Abramsky, uno de los rabinos más importantes del siglo XX.
El libro está muy bien editado (nueva colección de Periférica, con variante de sus cubiertas habituales) y tanto me gusta, que no quiero acabarlo definitivamente. Ando deambulando por las últimas páginas para evitar la muerte de Chimen Abramsky y de mi abuela.

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