Solterona, de Kate Bolick

kate bolickSolterona. La construcción de una vida propia. Kate Bolick. Traducción de Silvia Moreno Parrado. 2016. Malpaso Ediciones. 340 págs. Tapa dura. ISBN: 9788416420711. 22 €.

A los best sellers y fenómenos paranormales de la literatura hay que acercarse con el mismo respeto que cautela. En muchas ocasiones, que en EE. UU. un trabajo forme un gran revuelo no es sinónimo de nada. Lo certificamos una vez más con Solterona.

Kate Bolick maneja con destreza la escritura en primera persona, el cuestionamiento de las normas con respecto a las mujeres y la visibilización de las figuras poco conocidas de la cultura. Con esta metodología ya tradicional en la literatura de género, habla de una tendencia que ha tomado fuerza en los últimos años: cada vez hay más mujeres solteras. Vivimos en carnes propias cada día la interpretación que el consumismo capitalista ha hecho de este dato. Para Bolick, la cuestión es si ello constituye un fracaso (personal) o una evolución (social).

Kate tira de sus vivencias y, además, nos presenta a sus despertadoras, las mujeres que la llevaron de la mano por la árida, divertida e interesante senda de la soltería: la poeta Edna St. Vincent Millay, la articulista Maeve Brennan, la columnista Neith Boyce, la novelista Edith Wharton y la socióloga Charlotte Perkins Gilman. Malas compañías no son, si bien se echan en falta mujeres anónimas de su entorno, de las que, excepto su madre (el modelo más complicado para cualquier mujer), habla de manera tangencial.

La periodista nos recuerda –nunca está demás– que para tener una vida propia se necesita el convencimiento de querer tenerla, educación e independencia económica. “El trabajo –y por este concepto entiendo el empleo remunerado fuera del hogar, en fábricas, oficinas y escuelas, no las tradicionales tareas sin sueldo de cuidar los hijos y la casa– es primordial para la evolución de todas las mujeres de Estados Unidos y fundamental en el caso de las solteras”. Un discurso, por cierto, que tiene ya algunos siglos y que choca frontalmente con la crisis que muchos insisten en llamar poscrisis.

En uno de los capítulos, Bolick mira la América de finales del XIX y principios del XX, concretamente a Nueva Inglaterra, y repasa brevemente la aparición de la mujer proletaria en ese escenario descarnado y su lucha obrera. Pero Bolick contempla los hechos desde su propia atalaya, la de su clase, su género, sus cosas: media-alta, blanca y heterosexual. Algo por lo que se le pueden poner muchos peros a este libro. Ella ya se ha defendido de esa crítica diciendo que no puede representar a todo el mundo.

A ratos, con una prosa comedida, elegante y que dice todo lo que pretende con el libro –no molestar a nadie y reconciliarse consigo misma (que no es poco)–, encontramos destellos de la vida real: aborrecer a Bridget Jones (¡ahora con bebé!) y a las payasas de Sexo en Nueva York es sano; o las recomendaciones chispeantes que rescata de la genial Neith Boyce.

El libro está más que correctamente escrito y documentado, y tiene muchos ingredientes para no despegarse de sus páginas hasta la última. Con todo, nos quedamos con la voz tabernaria y sincera de Caitlin Moran. Que nos perdone el nuevo feminismo.

 

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