Las dos señoras Grenville, de Dominick Dunne

índiceLas dos señoras Grenville. Dominick Dunne. Traducción de Eva Millet. Libros del Asteroide. 2015 (3.ª edición). Tapa blanda. ISBN: 9788416213023. 408 págs. 23,95 €.

Aprovechando que el 28 de noviembre sale a la venta Una temporada en el purgatorio, la segunda novela de Dominick Dunne publicada por Libros del Asteroide, les hablamos hoy de Las dos señoras Grenville, un libro que sin duda incita a seguir la trayectoria de su autor. Publicado originalmente en 1985, contribuyó a catapultar a Dunne como escritor y cronista de la alta sociedad estadounidense después de una etapa de adicciones y fracaso. Dunne, que un año antes había empezado a trabajar como columnista en Vanity Fair —relató el juicio por el asesinato de su hija a manos de su novio—, construyó en Las dos señoras Grenville un apasionante juego de espejos que motiva al lector a investigar más allá de la propia novela. Y es que los Grenville a los que tan certeramente retrata el escritor esconden a duras penas a una familia real que en 1955 estuvo involucrada en un “desagradable” suceso que Life calificó como “el tiro del siglo”.

El apellido Grenville resulta tan sonoro en la ficción como resultaba el apellido Woodward en la realidad de la primera mitad del siglo XX en Nueva York. Vinculados, entre otras grandes compañías, al Hanover Bank of New York, los Woodward formaban parte de esa élite casi aristocrática que poblaba los mejores barrios de las grandes ciudades de Estados Unidos. La conciencia de clase —alta— es igual de potente en todas partes, y conlleva una serie de códigos accesibles solo a los iniciados. Y en esos códigos entra la idea de que un arribista, un advenedizo, no es bienvenido.

Así, cuando la corista Ann Arden (Ann Eden Crowell en la realidad) posó los ojos sobre William Jr., el heredero de los Grenville, la matriarca del clan, Alice, y las hermanas de William rezaron por que todo fuese un capricho pasajero. Lo cierto es que el deseo de ascenso social, la ambición y la codicia supieron hacerse su espacio, y a los Grenville no les quedó más remedio que aceptar a regañadientes a la ya esposa de William. Cuando años después Ann aseguró que los disparos mortales que le había descerrajado a su marido en la oscuridad de la noche habían sido un desgraciado accidente, los Grenville cerraron filas.

Es este el paisaje —y el paisanaje— que Dunne describe con maestría. Uno se pone en la piel de los personajes, percibe sus inquietudes, sus deseos, sus miedos, baila y bebe y cena con ellos... Y entre todos pulula Basil Plant, un escritor poco escrupuloso que se abre hueco chismorreando aquí y allá. No es difícil entrever a Truman Capote tras este personaje. Sobre todo porque el desenlace de la historia tuvo mucho que ver con él. En 1975, Capote publicó en Esquire un episodio que terminaría formando parte de su libro Plegarias atendidas. Alertada de la inminente publicación, Ann Woodward volvió a Nueva York precipitadamente —para cerrar el glamuroso círculo del morbo, cuentan que tras una temporada en su mansión de Marbella, donde podemos imaginar con quién se codearía— y zanjó el asunto que había comenzado años antes.

No les contamos más, o sí: que estamos deseando que llegue noviembre, porque así como Las dos señoras Grenville es una fantástica lectura de final de verano, contamos con que Una temporada en el purgatorio nos proporcione grandes ratos en las Navidades que se avecinan.

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