El tiempo amarillo. Memorias 1921-1997, de Fernando Fernán Gómez

EL TIEMPO AMARILLOEl tiempo amarillo. Memorias 1921-1997.  Fernando Fernán Gómez. Capitán Swing. 2015. Prólogo de Luis Alegre. Tapa blanda. ISBN: 9788494287886. 600 págs. 26.50 €.

Confieso que no lo he terminado. Ando remoloneando por las últimas treinta páginas porque no quiero llegar a 1997. Ahora empieza a escribir más poético, (dice de las comidas con sus hijos: “Fue cuando se empezó a enhebrar entre nosotros el hilo que todavía nos une” (pág. 431), más reflexivo que en la etapa de los años cuarenta, cuando todo era prisa por comer y por triunfar. Por rodearse cuanto antes de lujo, como reconocía en el documental La silla de Fernando, que realizaron David Trueba y Luis Alegre en 2006. Recomiendo encarecidamente el visionado de esta película-conversación.

En la última página del libro, puede leerse esta cita de la película: “Con esto, yo lo que quiero es dar una lección, por mis muchos años, yo puedo permitir este gusto, a todos los que creen que el futuro está en sus manos y no en las manos, de los que se han apoderado del futuro de todos nosotros”.

Al escuchar frases como éstas, es irremediable que quisieras saber algo más de este hombre, de no conformarte con el atajo de tópicos que le cargaron y que él se encargó de perpetuar al modo de coraza y simplificación.

Que quisieras saber cómo vino desde Lima, a Buenos Aires y a Madrid, que supieras que gran parte de los amigos entonces anónimos se hicieron  famosos, Manuel Alexandre (que entonces se llamaba Alejandre), Emma Cohen, Sancho Gracia, María Luisa Ponte, etc. Tiempos de compañía de apellido doble, empresario y gira por provincias. Eso vio hacer a su madre y eso fue fraguando en él mientras lo cuidaba su abuela en el piso de Álvarez de Castro en Madrid. Es libro de alguien que reconoce muchos errores, que reconoce no haber sabido elegir proyectos y no haber dedicado tiempo y escucha a los cercanos.

Toda una declaración de intenciones y de exceso de equipaje llevar el libro de un lado a otro, pero ay de los cafés con libro abierto, cómo lo disfruto, cuando está bien escrito y editado como es el caso. Parezco Stefan Zweig rememorando un mundo de ayer.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *