No tan incendiario, de Marta Sanz

No tan incendiario. Textos políticos que salen del cenáculo. Marta Sanz. Periférica. 2014. Tapa blanda. ISBN: 9788492865888. 192 págs. 14,75 €.

Vaya por delante que no he leído la narrativa de Marta Sanz y que me lo impongo como tarea. Sí conocía, a grandes rasgos, su posición ideológica, su visión del mundo como escritora. A través de No tan incendiario. Textos políticos que salen del cenáculo —un conjunto de conferencias, reflexiones y textos periodísticos aparecidos en distintos medios y plataformas— esta visión del mundo adquiere un relieve sustancial.

En el prólogo, Sanz advierte: “Aquí no hay vocación de transparencia. Ni de limpieza. Ni de claridad. […] Estos pensamientos responden a la incertidumbre y a cierta sensación de malestar: a la imposibilidad de estar conforme”. En esta línea, la autora apuntala la idea de que la cultura encarna un posicionamiento ideológico, y de que —más allá de los criterios de rentabilidad y otras finas formas de censura basadas en la idea de lo comercial, lo legible, lo asequible, lo políticamente correcto— debería ser un instrumento crítico para ver, pensar y actuar de otra manera. Ojalá.

Por desgracia, la cultura cada vez tiene más de espectáculo e información, y menos de comunicación, educación, formación, conocimiento (recuerden nuestra reseña de La comunicación jibarizada, de Pascual Serrano). Las grandes multinacionales de la cultura, a través de los medios de comunicación mayoritarios, son generadoras de opinión y gusto, y entronizan a un lector-consumidor despótico que asume que la cultura debe ser un bálsamo. Y cita Sanz a Ansem Jappe: “Ya no hay muchas obras capaces de contribuir al nacimiento de sujetos críticos. Solo hay clientes”. Esta sensación refuerza el deseo de que el lector viva la lectura como desafío e incertidumbre, la necesidad de un lector exigente, esforzado y participativo.

En lo que atañe al escritor, Marta Sanz recalca que se excluye del canon literario y de las mesas de novedades al autor que no sintoniza con una sensibilidad mayoritaria y, podríamos decir, con el discurso oficial. En las antípodas encontramos al escritor que sin creer que forma parte de la ideología dominante la apuntala diariamente. “Las formas culturales con apariencia de neutralidad —formas blancas, formas ensimismadas en la cultura sacramental del arte por el arte— son las que entrañan mayor peligro”. Y es que la posmodernidad no deja de ser una ideología deshonesta que juega a no serlo.

La estructura de No tan incendiario a veces roza una idea postcontemporánea del texto, pero la autora tiene el pudor de reconocerlo (el emisor no es impermeable a lo que lo rodea), e incluso asume que algunos de los ensayos no solo no justifican su trabajo como escritora sino que lo ponen en tela de juicio.

Permítannos cerrar con una frase con la que nos identificamos plenamente: “La buena literatura de todos los tiempos y lugares se ha definido, como tal, por su capacidad para ampliar la visión del mundo, replantear el significado de las frases hechas, sacar la porquería de debajo de las alfombras, darles la vuelta a las tortillas a partir de una reflexión sobre el lenguaje y sobre los géneros literarios que es indisoluble de un posicionamiento ético y, a menudo, también político”. Así sea.

 

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