La gran ola, de Véronique Massenot y Bruno Pilorget

La gran ola. Texto de Véronique Massenot e ilustraciones de Bruno Pilorget. Traducción de Teresa Farran y Raquel Solà. Editorial Juventud. Barcelona. 2013. 26 págs. Cartoné. ISBN: 9788426139832. 13,50 €. A partir de 9 años.

Las ciclogénesis explosivas nos han dejado con la boca abierta. Observar el mar embravecido me hace pensar siempre que no valemos ni dos duros frente a la naturaleza desatada. Como les sucede a los remeros de La gran ola de Kanawaga, cuando las cosas se ponen tan feas, todo lo que cabe esperar es que el temporal amaine. La estampa recuerda bastante a las imágenes pavorosas que se han repetido en estos dos últimos meses en las costas.

Hay un cuento de la Editorial Juventud inspirado en esta obra maestra, una de las más populares e influyentes –quizá la que más– del arte japonés de todos los tiempos. El autor de esta marina, Katsushika Hokusai (Tokio, 1760-1849), como el protagonista de este cuento, fue un niño adoptado. En el caso de Hokusai, por una familia de artesanos de espejos que trabajaba para la corte. Antes de dedicarse a la pintura vendió libros a puerta fría, cortó bloques de madera para grabados y trabajó como ayudante en el taller de un reconocido pintor. Ya estaba retirado cuando el crápula de su nieto dilapidó la fortuna de la familia y tuvo que volver a su oficio a los setenta años. En esa etapa turbulenta de su vida pintó La gran ola.

El álbum de Massenot y Pilorget recrea esta obra del pintor, algo de por sí encomiable, con el fin de acercarla a un público joven que, en general, no demuestra interés ni por el arte ni por los libros. La idea de que todavía existan autores que no desfallecen ante una empresa semejante es muy inspiradora.

El cuento narra la historia de Naoki, un recién nacido que es arrastrado por una gran ola hasta la embarcación de un pescador. El tiempo pasa, Naoki no crece y se pregunta por qué. En ese momento, un pez plateado le ayuda a encontrar las respuestas que necesita. El argumento parece sencillo contado así. Las fichas que se incluyen al final para ofrecer información sobre el artista y que aclaran algunas de las ideas del álbum son un buen complemento, pero el texto necesita explicaciones adicionales si se quiere disfrutar y entender más profundamente. Algo que tendrá que tenerse en cuenta, aunque tampoco es requisito imprescindible para su lectura.

Los relatos japoneses no siguen un desarrollo causal ni una finalidad, se estructuran de forma más suelta que los occidentales. La autora, de origen francés pero familiarizada con la cultura de Japón, se ha esmerado en seguir esta línea narrativa. Por eso el final puede chocarnos al no presentar  una conclusión evidente. Tampoco se entenderá demasiado la idea central del cuento si no se maneja el concepto de satori, la iluminación que experimenta Naoki.

Con todo, la intención, el texto y las ilustraciones de La gran ola son magníficos (eso sí, las imágenes se imponen a las letras, en parte por algunas rimas que desentonan en un contexto de prosa). Sin duda, un ilustrado didáctico y precioso que merece la pena leer.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *