La comunicación jibarizada, de Pascual Serrano

La comunicación jibarizada: Cómo la tecnología ha cambiado nuestras mentes. Pascual Serrano. Península. 2013. Tapa blanda. ISBN: 9788499421926. 208 págs. 13,50 €.

No sé si a ustedes les habrá pasado. Llega el fin de semana, cogen un libro un poco más exigente de lo habitual (sea novela o ensayo, lo mismo da) y se disponen a entregarse a un placentero rato de lectura. Abren el volumen, leen la primera frase, la segunda. Se levantan, se preparan un café. Leen tres frases más. Cogen el móvil y revisan el correo; contestan un par de guasaps y vuelven a abrir el libro… Si esta imagen no les resulta familiar, traten de buscar situaciones equivalentes. Leen un reportaje en algún medio digital y siguen todos y cada uno de los hipervínculos, y a la vez abren otra pestaña para rastrear quién es el autor del texto en cuestión…

Bienvenidos a la era de internet, a la sociedad de la sobreinformación, al ruido digital. El periodista y ensayista Pascual Serrano analiza desde hace años los grandes medios de comunicación y su papel dentro del sistema. Conocidas son sus brillantes “Perlas informativas” mensuales, en las que recopila “anécdotas, manipulaciones y engaños” aparecidos en la prensa y la televisión. También es autor del apasionante ensayo Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo, por fin disponible en bolsillo después de ocho ediciones.

Como derivación lógica de su campo de estudio, Serrano ha publicado La comunicación jibarizada. Cómo la tecnología ha cambiado nuestras mentes. Y una de sus primeras observaciones es que la recepción de mensajes complejos siempre ha requerido tiempo y concentración, algo casi inalcanzable en medio de esto que han dado en llamar “revolución tecnológica”, en la que predomina lo audiovisual, la espectacularidad, la sobresaturación informativa. Así, el modelo breve y simplificado que impone internet —basado en eslóganes y obsesionado con la inmediatez— ha contaminado el papel y nuestra manera de leer, y la lectura profunda se ha convertido en un esfuerzo. No solo eso; en muchos casos, el rigor, el contraste, la profundidad y el contexto brillan por su ausencia, de manera que los lectores carecen de elementos para tomar decisiones críticas y bien meditadas.

Serrano no arremete contra los nuevos soportes, lenguajes y formas de comunicación, tan solo nos advierte de los peligros que conllevan y pone sobre la mesa cuestiones importantes. Por ejemplo, que los grandes medios de comunicación tradicionales y las redes sociales coinciden en no poder —o no querer— explicar el mundo; y que en la red siguen siendo desproporcionadamente poderosos los mismos que fuera de ella: las grandes empresas y los grandes medios. “El exceso de información, con su paja inservible, su ruido distorsionador, su exceso insultante, sus mentiras impunes y sus contradicciones clamorosas consigue que nadie sepa bien por qué suceden las cosas, quiénes son los responsables, cuál es el origen y, mucho menos, a quién se puede escuchar en la búsqueda de soluciones y cómo afrontar las alternativas. [Todo] acaba simplificándose en la anécdota humana, sensiblera e intrascendente”.

¿Y cuál es el remedio para esta desmoralizante dispersión? Entre otras muchas recomendaciones, Pascual Serrano nos gana definitivamente con una de sus reivindicaciones finales. “El principal soporte del pensamiento alternativo es el libro tradicional”. Así sea.

 

 

 

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