La Villa de los Papiros

Entre un volcán y un mar, en la bahía de Nápoles, se encuentra una de las zonas arqueológicas más fascinates del mundo. En ella, los restos de la cuidad de Herculano, sepultada un 24 de agosto del año 79 d. C. por la erupción del Vesubio, nos siguen dando lecciones y enseñando cómo era la Roma antigua.

Desenterrada en 1748 por orden de Carlos III, los ingenieros españoles Roque Joaquín de Alcubierre y Pedro La Vega iniciaron su excavación. Otro ingeniero, Karl Weber, la exploró a través de túneles, hasta que los gases de azufre lo permitieron, y realizó un plano con anotaciones que se consideran aún fiables.

Así se descubrió la Villa de los Papiros, que contaba con un edificio de 250 metros de largo, una gran piscina y unas termas. Su nombre no es casual. En una de sus refinadísimas estancias guardaba una impresionante biblioteca —la única conocida del mundo antiguo— compuesta por unos 2000 papiros con textos en griego, fundamentalmente de filosofía epicúrea. Protegidos para su traslado cuando se inició la erupción, quedaron sepultados, como el resto de la cuidad, 30 metros por debajo del nivel actual del terreno. Eso permitió que hasta cierto punto se conservaran, pero su estado era y sigue siendo extremadamente delicado, y la tarea de desenrollarlos y descifrarlos parece muy difícil aún hoy.

Se desconoce quién fue el propietario de este paraíso, aunque se barajan dos nombres: el del cónsul Lucio Calpurnio Pisón Cesonino, suegro de Julio César, que vivió un siglo antes de la erupción del volcán, y el de Apio Claudio Pulcro, también cónsul en el 38 a. C y amigo de Cicerón. En cualquier caso, se trataba de un hombre culto e interesado por el saber de su tiempo.

La exposición, abierta desde ayer en la Casa del Lector de Madrid, acerca el foco a la villa, que sirve de excusa para mostrar cómo era la lectura y la escritura en la antigua Roma. También da cuenta de las excavaciones que descubrieron en el siglo XVIII las ciudades sepultadas por el Vesubio, interpretándolas como una revolución en la historia cultural de Europa. Por supuesto, se muestran algunos de los famosos papiros, la mayor parte conservados en una sección especial de la Biblioteca Nacional de Nápoles.

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