Cazadores de sombras, de Cassandra Clare

Cazadores de sombras. Ciudad de hueso. Cassandra Clare. Traducción de Gemma Gallart. Booket. 2013. 512 páginas. ISBN: 978-84-08-11819-0. Rústica sin solapas. 12,95 €

Hay otros mundos pero están en este, que diría el poeta, es la base de ese género bastardo llamado fantasy. En él tienen cabida todo el muestrario de bichos imaginables, fenómenos paranormales, amores imposibles, vidas normales que cambian para siempre y universos paralelos. Un potaje que podríamos bautizar con el mantra que lo anuncia y que mejor lo define: “nada es lo que parece.”

Esta literatura pos-Harry Potter lleva ya unos años generando ingresos sustanciosos en el mercado editorial y en pantallas y pantallitas. Después de convertirse en éxitos de ventas, casi todas las novelas de este pelaje aspiran a mutar en película, su verdadera razón de ser. El cine, magnánimo, las adorna y salva (no siempre) lo insalvable de ellas.

Este parece ser el destino de Cazadores de sombras, una novela publicada en 2007, que se ha convertido en “el aclamado best seller” de la, a estas alturas, multimillonaria Cassandra Clare.

De la película, que se estrena el día 30 de agosto en los pocos cines españoles que quedan, no sabemos nada. Que cada cual saque sus propias conclusiones al ver el tráiler.

¿Qué decir del ladrillo que nos ocupa, en el que vampiros, ángeles, demonios, humanos con poderes y otras criaturas dignas de una buena terapia de psicoanálisis se miran de reojo en las discotecas? Pues que se puede invertir el tiempo en mejores cosas que leer sus quinientas páginas, la verdad.

Que la pobre Clary da un poco de penita, pero que es algo pava; que Jace (incluso con sus “tatus” súper guays y la moto) no es tan duro como debería; que la acción tapa a estos personajes principales y al resto, y la cosa es que da igual; que las excusas argumentales de esta odisea demoniaca son, esta vez, una copa mágica extraviada y la salvación del mundo, y que todo tiene un halo de cosa ya vista y un tono desganado que echan para atrás.

No tenemos nada en contra de los libros que entretienen (este se supone que es de esos), todo lo contrario, abogamos por ellos. Ahora bien, si esconden en sus tripas algún que otro rollo macabeo, tesis pelín grimosas, como que el fin justifica los medios, e intentan timar a los adolescentes, no es que estemos en contra, es que desaconsejamos totalmente su lectura. Avisados quedan.

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