El libro de los viajes equivocados, de Clara Obligado

El libro de los viajes equivocados, Clara Obligado. Ed. Páginas de Espuma. 2011. Tapa blanda. ISBN 978-84-8393-052-6. 140 págs. 15,00 €

No había leído nada de Clara Obligado, escritora reconocida en el mundo de los relatos y la escritura creativa (lo no creativo, ¿qué sería? ¿un oficial de notarías?). Y no me gustan los relatos cortos. Por tanto, tenía toda la disposición del mundo a que este libro no me gustara demasiado. Y me he equivocado. Las filas del mundo del relato corto y el microrrelato no han ganado un adepto incondicional, pero sí me ha gustado cómo Clara Obligado hilvana los cuentos de este libro, en el que los personajes aparecen tangencialmente en los diferentes relatos. Partimos de una visión reducida a un solo ojo y de frente, seguimos leyendo, vemos con los dos ojos, avanzamos en la lectura y estamos girando la cabeza, ampliando nuestro campo infinitamente.

A la maniera de Obligado en este libro, yo hablé de ella como ejemplo del escritor que hace la tournée estival. Y en esa tournée a la que asistí, ella presentó este libro. Lo hizo el mes pasado en Almería. Fiel a mi no querencia al relato corto, no lo compré. Inesperadamente me lo regalaron y lo he leído. Los relatos cortos me parecen conversaciones apresuradas de café con alguien ingenioso. Te acompañan demasiado poco tiempo e intentan sorprenderte, anonadarte, darte un giro inesperado en tan pocas líneas de escritura que lo que han conseguido en mí, es dejarme poco impresionada, un poco vacía.

De los once relatos que componen el libro, hay uno que me ha gustado especialmente “Las dos hermanas”, en el que se narra la emigración desde Polonia a América del Norte, y quien lo hace sólo pronuncia en el puerto “América” refiriéndose a Nueva York sin saber del continente y lo montan en un buque a Buenos Aires. El desenlace, a partir de la página 31. El relato “Madison, los puentes de “, se trató en la presentación de la autora y gustaba mucho entre el público, porque Francesca sí se subió a la camioneta del fotógrafo. Lo dicho, no sólo hay acopio de ingenio, sino en este caso, oficio de escritora.

 

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