Mejor Manolo, de Elvira Lindo

Mejor Manolo. Elvira Lindo. Seix Barral. 2012. Tapa blanda. ISBN: 9788432214561. 192 págs. 13,95 €.

Lo confieso: aunque ya me pillaron talludita, en su día devoré todos los libros de la serie de Manolito Gafotas. Tengo la inmensa suerte de tener una hermana pequeña, lo que en aquella ocasión me proporcionó una buena excusa. Eso sí, las carcajadas en el transporte público ya no eran cosa suya, sino de Manolito, Elvira Lindo y yo misma, que disfruté como una enana.

Así, cuando “la Lindo” recuperó a Manolito pasados los años y con cambio de editorial mediante, no lo dudé un segundo. Si el antihéroe de Carabanchel (Alto) había crecido, yo iba a verlo. Ahora me queda la duda: las contadas risas que me he echado con este Manolito (mejor Manolo, que ya vamos madurando) me traen a la memoria aquellas carcajadas, pero no las igualan en absoluto. ¿Han cambiado ellos o he cambiado yo?

Por supuesto, las grandes expresiones del Gafotas (alguna de las cuales le ha robado el mismísimo juez Gómez Bermúdez) siguen llevando el peso de la diversión. Manolo nos cuenta todas las historias desde el principio de los tiempos, el Orejones López sigue siendo su gran amigo y cerdo a la vez, y su hermano el Imbécil aún es el Imbécil, aunque ya no duerme en el dormitorio de sus padres porque su lugar lo ocupa la Chirli (que, con sus rizos dorados, viene a ser como la Temple rediviva) y se ha hecho vegetariano y experto informático (a la tierna edad de siete años).

El texto, generoso en erratas e incorrecciones de las que parecen involuntarias, está rematado con un colofón exculpatorio: los editores y la autora han querido ser fieles a la voz del personaje. Por desgracia, esto resulta obvio y gracioso cuando Manolo dice que su madre llega hecha una hiedra, no tanto cuando los problemas son tildes mal puestas, palabras repetidas, etcétera. No podemos evitar recordar a nuestro querido Nigel Molesworth, auténtico terrorista de la ortografía.

Por último, permítannos mencionar la cita de Antonio Muñoz Molina que figura en la segunda solapa del libro: “La voz define a Manolito en la misma medida que a Lázaro de Tormes o a Huck Finn, dos de sus antecesores”. Con todo nuestro respeto, la exageración clama al cielo.

 

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