Solo para gigantes, de Gabi Martínez

Solo para gigantes. Gabi Martínez. Alfaguara. 2011. ISBN: 9788420407654. 408 págs. 18,50 €.

En las procelosas aguas de la edición literaria (citamos a Martina Reis), hay muchos libros que merecerían una segunda oportunidad. Algunos consiguen vender unos cuantos ejemplares extras aupados por galardones o reconocimientos de diverso signo (como el que invertía el deseo de todo editor y buscaba el worst seller en la Feria del Libro madrileña de 2009, o el Premio de Novela Otras Voces, Otros Ámbitos, otorgado a títulos con una venta inferior a los tres mil ejemplares). Otros libros muestran la versatilidad de sus argumentos dando un salto de género.

Este es el caso de Solo para gigantes, de Gabi Martínez, publicado por la editorial Alfaguara en 2011. No conocemos las cifras de venta de esta novela de no ficción, pero nos alegró saber que su autor se había embarcado con Tyto Alba en la aventura de convertir su historia en una novela gráfica (recientemente publicada por Astiberri) y que Agustí Villaronga trabaja ya en su adaptación al cine (dense prisa si son de los que prefieren leer el libro antes de ver la peli).

Solo para gigantes gira en torno a la controvertida figura del zoólogo Jordi Magraner. Nacido en Casablanca de padres valencianos y criado en Francia, en 1987, Magraner logró abandonar la deprimida periferia de la ciudad de Valence rumbo a Pakistán. Sus objetivos eran claros: encontrar evidencias científicas de la existencia del barmanu, el yeti, homínidos-reliquia que constituirían un auténtico eslabón perdido.

En 2002, quince años después de este primer viaje, la policía halló el cadáver degollado de Jordi en su casa del Hindu Kush pakistaní. Quince años plagados de aventuras, incertidumbres, luchas, enfrentamientos y contradicciones, claros y sombras en una vida de final incierto. Aunque la fama de cazabarmanus lo acompañó durante toda su trayectoria, en sus últimos años, Magraner se volcó en el otro interés que lo había llevado a Pakistán: la etnia kalash, un pueblo de creencias paganas que a principios del siglo XXI trataba de sobrevivir en el estrecho cerco que le dejaban los talibanes. Autoproclamados descendientes de Alejandro Magno, sus costumbres, su vestido, sus características físicas hablan de un pasado de aislamiento creciente. Magraner, seguidor del paganismo y admirador de la antigua cultura romana, había encontrado entre los kalash su paraíso soñado.

Gabi Martínez supo de la historia de Magraner y de su violenta muerte a través de una editora, y apenas lo dudó. Viajó a Francia, venció la resistencia de la familia de Jordi y consiguió entrevistarse con su madre y sus hermanos, tuvo acceso a sus diarios, sus cartas, sus fotografías. Barajó las distintas hipótesis que habrían podido explicar el asesinato de Jordi: las deudas, el espionaje, la colaboración con el líder antitalibán Massoud, el León del Panjshir, rencillas enquistadas, celos, acusaciones de pedofilia… Progresivamente fascinado por la historia del naturalista, Martínez terminó por viajar al Hindu Kush en un momento en el que el sentido común desaconsejaba visitar esa zona del mundo. Arriesgó su vida, pero logró urdir un gran relato de aventuras, y con su interés y su novela rindió tributo a la memoria del aventurero cazabarmanus.

 

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