Doña Oráculo, de Margaret Atwood

Doña Oráculo. Margaret Atwood. Traducción de Sofía Carlota Noguera Mendía. Muchnik Editores. 1996. Tapa blanda. ISBN: 978-84-7669-255-4. 476 págs. 7,78 €

La divina Atwood, en pleno discurso del Príncipe de Asturias (2008)

Margaret Atwood representa a ese tipo de escritora “para todos los públicos”; lo mismo hace las delicias de una feminista lacaniana que gusta a un lector que no busca otra cosa que pasar un buen rato con una historia interesante.

En todas sus novelas, Atwood intenta descubrir los mecanismos que convierten a las mujeres en seres pasivos. En Doña Oráculo, un relato divertido y lacerante de eso que podríamos llamar “la búsqueda de una misma”, lo hace a través de un juego de espejos (un objeto que utiliza en muchas de sus obras). En ellos se reflejan: la propia autora; Joan Foster, la protagonista de Doña Oráculo, una escritora de novelas góticas (en las que las mujeres casadas terminan locas o mueren…), y las heroínas que esta inventa para sus historias de pasión y terror.

Joan tiene problemas de alimentación, una deuda con su pasado, un presente laberíntico y un futuro esperanzador, gracias a que consigue saldar esa deuda. La problemática relación que ha mantenido desde siempre con su madre, ya fallecida, es la causa de todos sus males, o eso parece creer ella. En Terremoto, su retiro espiritual, se da cuenta de que, en realidad, su madre solo es una víctima más de un sistema organizado para perpetuar ciertas conductas. Con esta reflexión y con un poco de sano misticismo, se reconcilia simbólicamente con ella.

De todas las novelas de Atwood, esta especie de comedia de enredo en la que también hay espacio para reflexionar sobre la literatura, no es de las mejores (el final es algo lioso, por ejemplo). Aun así, merece la pena leerla porque nos recuerda el cacao mental en el que vivimos, a veces, las mujeres sin comerlo ni beberlo (o comiéndolo y bebiéndolo). Una lectura “sana” y desopilante lejos de la sombra de Grey.

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