Miami y el sitio de Chicago, de Norman Mailer

Miami y el sitio de Chicago. Norman Mailer. Traducción e introducción de Antonio G. Maldonado. Capitán Swing. 2012. Tapa blanda. ISBN: 9788494027956. 288 págs. 19,00 €.

En agosto de 1968, con la guerra de Vietnam en pleno apogeo (aún pasarían siete años antes de la firma de la paz) y los asesinatos de Martin Luther King y Bobby Kennedy en la memoria reciente de los estadounidenses, se celebraron en Miami y en Chicago las respectivas convenciones de los partidos Republicano y Demócrata de los Estados Unidos. De aquellas salieron los candidatos que aspirarían a la presidencia de “la gran nación” en las elecciones que tuvieron lugar en noviembre de ese mismo año.

En aquel verano —y tras haber cubierto las convenciones de 1960 y 1964—, Norman Mailer empuñó una vez más su libreta dispuesto a recoger en sus crónicas para la revista Harper’s todos los matices que pudiera captar.

Su indisimulada antipatía hacia Nixon en particular y “el partido del conservadurismo y los principios, del éxito empresarial y la austeridad personal, el partido de la limpieza, la higiene y el presupuesto equilibrado” en general no le impidió retratar con acierto el aire de la convención republicana. De entre sus observaciones entresacamos unas frases del discurso de Nixon que tal vez les resulten familiares, y es que el presidenciable (meses después, presidente electo) apelaba “a la voz de la mayoría de los americanos, los que no alborozan [sic], los que no se manifiestan […] Son ellos quienes dan fuerza y sentido al espíritu americano, […] gente honrada, decente, trabajadora y austera”.

De Chicago —tal vez porque Mailer esperaba más de los representantes del partido Demócrata, tal vez porque la violencia desplegada por la policía da tintes dramáticos a la convención—, el cronista extrae conclusiones lúgubres.

Mientras la reunión política sigue el curso previsto, en las calles se desarrollan auténticas batallas campales. Los policías van sin placa, transformados en una masa uniforme, inidentificable, que reparte golpes sin olvidarse de los fotógrafos y la prensa, que ataca repentina y desproporcionadamente, que responde con violencia a las peticiones de que se identifiquen, que arresta a los manifestantes (e incluso al cronista Mailer) con acusaciones inventadas.

Desazonan también las palabras de Tom Hayden, de la Nueva Izquierda, que asevera que el objetivo de las protestas “ha sido poner de manifiesto que el sistema político no es representativo, revelando el carácter esencialmente represivo de su respuesta a la necesidad humana y la protesta. […] Veinticinco mil soldados vienen para acá, no a parar los disturbios, […] sino porque los gobernantes confían en la represión”.

Y así, uno acaba haciendo suya la máxima de John Fitzgerald Kennedy: “Quienes hacen imposible la revolución pacífica convierten en inevitable la revolución violenta”.

En fin, dejamos aquí los turbulentos escenarios de 1968 para regresar a nuestro idílico mundo. Más allá de que la mayoría de los personajes que circulan por Miami y el sitio de Chicago nos resultan desconocidos, y que las crónicas de Mailer retratan asuntos domésticos de la política estadounidense, queremos recalcar que este libro cumple el propósito del interesante catálogo de Capitán Swing, y constituye una buena herramienta para la lectura crítica y un desafío más a la desmemoria y el olvido.

 

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