Tesoro lexicográfico de la lengua

Se me llevan los demonios. Sí, cuando algún avezado escritor se empeña en escribir “pseudónimo” o reivindica como más auténtico el término “espúreo” —“una fórmula que hace años que no acepta la RAE”, deja caer—, hago como los libreros que ocultan preciosa información tras haber sido maltratados y le pido a Cthulhu (o a Zeus, o a Baal, depende de mi ánimo) que me lleve pronto.

La cuestión es que la propia Academia nos provee de una herramienta de lo más útil. Se trata del Nuevo tesoro lexicográfico de la lengua española, una amplia selección de las obras que desde hace la friolera de quinientos años (por ahí andan Antonio de Nebrija y fray Pedro de Alcalá) han recogido, limpiado, fijado e incluso dado esplendor a nuestro patrimonio léxico.

Así, en un cómodo formato digital, podemos consultar las ediciones facsimilares de toda la lexicografía académica y de unas cuantas obras más, hasta alcanzar el número de sesenta y seis. Basta con introducir un término (por ejemplo, “espúreo”), para comprobar que no lo recoge ninguno de los sesenta y seis diccionarios que conforman el Tesoro, y para asumir que de toda la vida de Cthulhu el vocablo correcto ha sido “espurio”.

Si son del tipo de frikis que disfrutan retorciendo y exprimiendo al máximo el lenguaje, no duden en utilizar este diccionario de diccionarios, una auténtica joya digital.

 

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