Adiós a las bibliotecas

Tras varios sesudos informes, los auditores de BFA-Bankia, se dieron cuenta de que el gran agujero contable de la entidad, el desfase patrimonial de 3500 millones de euros que ha aflorado en una revisión un poco más detallada, podría derivarse de la operativa de las treinta y nueve bibliotecas de la extinta Caja Madrid que operaban en España, la mayor parte en  la Comunidad de Madrid. Reaccionaron rápidamente, con transparencia y rigor como corresponde a una entidad de su categoría y cerraron treinta y cinco de ellas.

Seguro que el cierre equilibra notablemente el balance. Cualquiera que haya sido usuario de las bibliotecas de Caja Madrid sabrá que aquello era un despilfarro de lujo y ostentación. C’est Byzance, que dicen los franceses, era tu impresión al entrar en ellas (incluso si no hablas una palabra de francés, lo exclamabas).  Sinfonía de sillas verdes y estanterías de madera estilo dormitorio juvenil de pino. Un alarde de diseño de vanguardia y marca. Preguntado un bibliotecario de una de las cuatro bibliotecas supervivientes sobre qué van a hacer con el inmenso catálogo de libros, vídeos, revistas, etc… su respuesta fue contundente: “No sé”.

Ya no hay obra social que legalmente llevar adelante ni marquetinianamente aparentar, así que cerramos. No se preocupen, barrios como Villaverde y municipios como Coslada, harto conocidos por la cantidad de recursos culturales para con el ciudadano sabrán disculpar su ausencia. Pero agradecerían algo de dedicación, al estudio de los costes de los locales, del personal y encontraran una forma de luchar por su reapertura, cartel rancio de oso en la puerta incluido.

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