¡Qué rico!, de Sabine Jaeger y Hermann Schulz

¡Qué rico! Todo lo que hay que saber sobre la comida. Sabine Jaeger y Hermann Schulz. Traducción de María Cóndor. Siruela. 2011. Cartoné. 176 págs. ISBN: 9788498415629. 19,95 €

Un libro dedicado a la alimentación y dirigido a un público joven no puede eludir el problema del hambre y sus causas. “Un niño que muere de hambre, muere asesinado. El actual orden mundial del capitalismo financiero contemporáneo no solo es asesino, sino también es absurdo. Mata, pero mata sin necesidad”. Acertadamente, los autores de ¡Qué rico! lo abordan desde sus primeras páginas de manera seria y accesible, como el resto de las cuestiones que platean.

El pasado 16 de octubre se celebró el Día Mundial de la Alimentación, a juzgar por los datos aterradores que proporciona Naciones Unidas el tema del hambre no tiene visos de solucionarse ni a corto ni a largo plazo. ¿Qué hacer ante un panorama tan desolador? Jaeger y Schulz aseguran que con buenas prácticas de consumo y pequeños gestos todos podemos contribuir a mejorar el mundo. Para ello son imprescindibles “personas comprometidas, informadas e instruidas”.

Con idéntico optimismo nos recuerdan que comer es un placer y una parte fundamental de la alegría de vivir. Tener conciencia y actuar para mejorar el estado de las cosas es compatible con disfrutar de lo que tenemos. No es habitual tratar el espinoso tema de la alimentación desde la perspectiva del placer, y eso se agradece.

El libro, como decía al principio, explica asuntos complejos con un lenguaje claro. Se trata con igual soltura la incursión de las multinacionales en el sector agrícola que cómo se organiza un huerto escolar; hay espacio tanto para la anécdota como para la reflexión, o para el repaso de conceptos en un “Breve diccionario de los alimentos”.

No es fácil desenvolverse en el mundo de la alimentación ni comprender sus incongruencias, por ejemplo que la industria alimentaria, increíblemente, ha hecho que empeoren nuestros hábitos a la hora de comer. Por eso, Jaeger y Shulz nos sugieren, sin paranoias ni dogmas, algunas pautas para que visitar el supermercado no se convierta en una odisea. Además, animan a los más pequeños a adoptar hábitos de nutrición saludables, se atrevan a cocinar y, sobre todo, no se dejen manipular por la publicidad engañosa.

Las referencias a la historia y a la dieta alemanas son constantes (así como la bibliografía o las webs que se citan, aunque compensadas con algunas españolas), pero no suponen un hándicap para el lector.

Unas ilustraciones simpáticas, que encajan perfectamente con el tono del libro, adornan este texto inteligente y ameno.

Incomprensiblemente, ¡Qué rico! patina en su final. En un epílogo piadoso, que contradice algunas de las tesis del libro, presenta a una organización religiosa que ayuda a los pobres del mundo y para la que se pide limosna. A mí que me lo expliquen.

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