Relecturas: Una mirada atrás, de Edith Wharton

Una mirada atrás, Edith Wharton. Traducción de Jordi Gubern. Ediciones B. 1994. Tapa blanda. ISBN: 978-84-406-4834-1, 332 págs. 9,00 €.

Fui a buscar esta autobiografía a la librería Lux de Alicante. Un lugar del que hablaré en las próximas semanas. Fui hasta allí por indicación de iberlibro, el portal en el que puedes encontrar libros descatalogados y elegir entre comprarlos on-line o acudir a la librería indicada. Opté por la segunda opción y hallé este libro que me ha acompañado durante varios días junto al mar.

No conocía demasiado a Edith Wharton: la película de La Edad de la Inocencia y un librito que suele venderse en los mostradores de las librerías El vicio de la lectura. Así que repasé su bibliografía y me pareció que este texto podría interesarme y lo ha hecho. No del modo en que pensaba, porque la narración de su vida me ha parecido poco sincera. No hay tragos amargos ni grandes momentos de felicidad, sino una calma y serenidad que impregna todo. Ella nace en Nueva York en 1862 y dedica su vida a viajar, escribir, alquilar casas y acudir a cenas. Este es un resumen tal vez injusto, pero su posición acomodada hace que pueda permitirse vivir intermitentemente entre Estados Unidos y Europa. Ello no impide que sea una mujer intrépida, atrevida, que viaje por España e Italia a finales del siglo XIX con todas las incomodidades y sin todos los tópicos románticos de la época. No era una rica tonta, y por eso se supo rodear de gente que fue encauzando sus lecturas, que supo completar su educación sentimental. En el texto, hay mil muestras de agradecimiento a Henry James y Paul Bourget, entre otros.

Sin embargo, para tratarse de una autobiografía y conocedores, por ejemplo, de que su matrimonio no fue en absoluto feliz, no he encontrado ni un rasgo de sinceridad. Daba la impresión de que al ser publicada en vida, en 1933 (ella moriría en Francia en 1937) no quería desairar a nadie. Quería continuar con ese aire complaciente de los salones a los que solía acudir. Eso no impide disfrutar de magníficas descripciones de sus viajes, de las villas italianas que tanto apreciaba, del ambiente parisino de principios del siglo XX. Pero me ha sobrado tanta descripción exterior, tanto personaje que baila alrededor del narrador y que en realidad lo único que pretende es ocultarlo.

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